Revista Digital Playa de Ákaba

Para llegar a la playa de Ákaba hay que cruzar el desierto, para publicar en Playa de Ákaba solo hay que tener talento

Entrevista a Ángel Silvelo Gabriel, autor de “Los últimos pasos de John Keats”

Ángel Silvelo Gabriel: «Creo que la literatura, entre otras muchas cosas, es un magnífico campo de reflexión»

angel silvelo gabriel

¿Quién es Ángel Silvelo Gabriel?

ASG: soy una persona que en su niñez y primera adolescencia, soñaba que surcaría los límites de mi barrio dando patadas a un balón. En aquella época pasaba los domingos por la tarde leyendo los cuentos de Miguel Strogoff y Emilio Salgari que, por la mañana, había comprado en el quiosco junto al periódico deportivo de mi padre. Sin embargo, a los dieciocho años, por fin me di cuenta de que si lograba traspasar esa frontera sería de otra manera, y que me tendría que ir abriendo camino yo solo, sin esperar a que mis amigos siguieran mis pasos como cuando jugábamos al fútbol. A partir de ese momento, y sin ser consciente todavía de ello, se gestó dentro de mí otro sueño, el de ser escritor.

 ¿Qué le llevó a escribir y a leer?

ASG: respecto de la escritura, siempre subyace esa necesidad íntima de replantearme el mundo y confrontarlo con mis obsesiones. La soledad en la que nacemos, y con la que nos volvemos a enfrentar en la muerte, me lleva a pensar que el espacio intermedio que existe entre ambas debe ser un lugar pleno de sensaciones que, en mi PRIMERA DE CUBIERTAcaso, intento cobijar bajo la cúpula del mundo de la cultura en todas sus manifestaciones.

En cuanto a la lectura me gusta dejarme llevar, y salvo en contadas ocasiones, cedo el mando a Manuela (mi mujer) y su buen criterio literario, pues se comporta como el perfecto guía y contrapunto a mi universo literario.

 ¿Cómo y cuándo comenzó a escribir asiduamente?

ASG: La fe y la insistencia de Manuela en mis posibilidades, hicieron que las cartas que la enviaba se convirtieran en pequeños relatos con los que intentaba conquistarla día a día. Lo que más tarde me llevó a escribir mi primera novela durante ocho largos años, en los que reescribí otras tantas versiones de la misma historia. Sin embargo, no fue hasta el año 2009, al aprobar la oposición del Cuerpo de Gestión, cuando comencé a escribir casi a diario. En este sentido, debo decir que el blog www.angelsilvelo.blogspot.com y las reseñas que cuelgo en él, se han convertido en mi particular escuela de escritura, en la que he perdido el miedo al folio en blanco, y a su vez, me han ayudado a resolver un cuento o un microrrelato en un breve espacio de tiempo.

 ¿Qué opina de la presencia de la literatura en las redes sociales y de esta como soporte literario?

ASG: si la red es bien utilizada, es un magnífico soporte para literatura. La libertad, la inmediatez y las posibilidades de llegar a todas las partes del mundo, la convierten en un potente canal de comunicación, y la literatura en esencia, es eso: la posibilidad de comunicarte con los demás. Sin embargo, no nos debemos engañar a la hora fantasear con el poder intrínseco de la red, porque en definitiva esta se comporta como un reflejo de la sociedad, y en ella, como en el resto, la cultura y sus diversas manifestaciones no gozan del seguimiento que nos gustaría a quienes estamos inmersos en ella, lo que no la exime para erigirse como la mejor manera de darse a conocer para un autor novel. Y lo dice alguien, que tiene 120.000 visitas en todo el mundo, de alguno de los más de mil quinientos post distribuidos en todos los sitios web en los que colaboro.

 ¿Subir contenidos a la red es otra forma de publicar?

ASG: nunca llegas a ser consciente del poder intrínseco de la red hasta que no recibes un comentario de, por ejemplo Nicaragua, como me pasó a mí con el primer microrrelato que subí a mi blog, y ahí es donde te das cuenta de la inmensa capacidad como transmisor de conocimientos y sentimientos que la red tiene en sí misma, lo que te lleva a planteártela como algo real y no como un ente abstracto. Por lo tanto, subir algo a la red es publicarlo de forma global y deja de ser tuyo para pertenecer a todos aquellos que lo leen.

 ¿Qué es lo más importante a la hora de afrontar una carrera literaria? 

ASG: a medida que avanzas en la creación te vas dando cuenta que lo más importante en la carrera de un escritor es encontrar la voz, mejor dicho, tu propia voz, es decir, aquello que debe diferenciarte del resto. El trabajo o la afición por escribir es algo que una vez que te engancha, no te suelta hasta el final de tus días, hasta el último hálito de vida. Sé que es muy difícil encontrar la anhelada coherencia en todo lo que uno hace, pero ese debe ser el camino y no otro.

No obstante, no puedo ser tan ingenuo como para no admitir la importancia de los premios en el devenir diario de un aprendiz de escritor, por pequeños que estos sean, pues sin darse uno cuenta, se comportan como verdaderas palancas de la creación, sobre todo, de aquellos que no han publicado nada o no viven directamente de la literatura, pues esa es la única herramienta con la que cuentas para confrontar tus trabajos con los de los demás, y de paso, ver recompensado tu esfuerzo. Aunque, en este sentido, tengo que decir que mi experiencia en el mundo de los premios literarios en España si por algo se caracteriza es por su anarquía, ya que trabajos que no tienen ninguna relevancia en concursos donde sólo se presentan diez concursantes, se alzan con el primer premio en otros donde los escritores que concurren son más de seiscientos, lo que de nuevo me lleva a reivindicar la propia voz como el mejor arma con el que ir abriéndose camino en el tortuoso mundo del literatura

 ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta un escritor cuando se pone a contar historias?  

ASG: la intención última de mis creaciones es la de conmover. No sé muy bien por qué, pero una fuerza interior me lleva muchas veces a enfrentar a mis personajes con situaciones límites que les hacen replantearse sus vidas. Creo que la literatura, entre otras muchas cosas, es un magnífico campo de reflexión, pero también creo que últimamente se nos ha olvidado que es así.

 ¿Se ha planteado alguna vez escribir poesía? 

ASG: en la edición 2011 del Festival Eñe, tuve la posibilidad de asistir a la entrevista que Blanca Berasategui le hizo a Félix de Azúa, y a este respecto, él comentaba que la poesía son las matemáticas de la literatura, y que por tanto, solo era apta para mentes inteligentes, por lo que a mí, como a él, nos da miedo enfrentarnos a ese reto. Es verdad que he escrito alguna, pero es mejor que permanezcan en el anonimato, aunque admito que mi forma de escribir, aparte de ser muy visual, busca el ritmo poético en sus composiciones.

No obstante, este año me hice una de esas tontas promesas que a veces nos hacemos después de las campanadas, y me propuse leer solo poesía, y después intentar escribir un poemario, pero a día de hoy, solo he podido mantener en firme la primera de mis promesas.

 ¿Cómo cree que deben afrontar la promoción de sus trabajos los escritores noveles?

ASG: en primer lugar, con mucha ilusión, tenacidad e imaginación, intentando que el libro no desaparezca en los tres primeros meses de vida, que es lo que el mercado editorial le presupone. Pero más allá de lo obvio, hoy en día las redes sociales e internet posibilitan una visualización que antes no se tenía, aunque tampoco sean la panacea, pues esa visibilidad también es reducida, lo que convierte a la promoción en un nuevo obstáculo que tú mismo debes afrontar y salvar. Tener un blog ayuda, de la misma forma que colaborar en una revista o páginas web, pero en estos casos, también es cuestión de tiempo, pues primero hay que sembrar para más adelante empezar a recoger los frutos a tu esfuerzo. Esa al menos es mi experiencia, desde que el pasado 3 de junio la editorial Playa de Ákaba publicó mi novela Los últimos pasos de John Keats.

 ¿Qué porcentaje tiene la coherencia en un escritor de éxito? ¿Se considera un escritor de éxito?

ASG: bueno, en primer lugar habría que definir lo que es el éxito, un concepto muy variable dependiendo de quién responda. En mi caso, no me considero una persona de éxito, pero sí debo decir que todos los grandes y pequeños logros que he conseguido a lo largo de mi vida han venido de la mano del trabajo y la tenacidad. Más allá de esta apreciación, tengo que decir que el reflejo que todos perciben de uno mismo viene impuesto por lo que seamos capaces de comunicar, a lo que yo añadiría, a nivel particular, que una parte de mí mismo va en todo aquello que escribo. Y en ese campo, yo resaltaría mis reseñas. Pues sin ser periodista de profesión, las más de mil quinientas reseñas (literarias, cinematográficas, musicales, teatrales, o de arte) que he escrito a lo largo de estos últimos siete años, me han llevado a plantearme todas ellas como un todo. Digo esto, porque ellas son sin duda el mayor reflejo de mi carrera como aprendiz de escritor, y a las que alguien que de verdad me quiera conocer, debería acercarse. Todas ellas forman un conjunto de sensaciones que para mí tienen el mismo valor que el resto de manifestaciones literarias, pues no dejan de ser el reflejo del tiempo en el que fueron escritas.

 ¿A qué aspira o qué ambiciona como escritor?

ASG: imagino que como todos aquellos que escribimos, si me pongo a soñar, me gustaría poder vivir de la literatura, ya sea a través de mis novelas o relatos o colaborando en los medios de comunicación, pero más allá de esa remota posibilidad, mi máxima meta es mantener la fortaleza suficiente para poder alimentar el pulso diario que me lleve a seguir escribiendo día a día, hasta el final. E intentar hacerlo con coherencia, claro.

 ¿Cómo ha ido evolucionando su escritura desde que comenzó a escribir?

ASG: uno no se da cuenta de la transformación que van sufriendo su forma de escribir hasta que regresa sobre aquello que ha escrito hace ya algunos años. Y además, en mi caso, gracias a la publicación de mi novela, Los últimos pasos de John Keats, por la editorial Playa de Ákaba, he sido plenamente consciente de que el oficio de escritor, como cualquier otro, tiene mucho de trabajo diario, donde la sucesión de la redacción y las correcciones de lo escrito son las claves de una buena escritura y composición.

 ¿Qué atesora la literatura como actor activo para poder cambiar la dinámica de nuestra sociedad?

ASG: yo concibo la literatura como un espacio de reflexión, para a través de ella, crear la capacidad de transformar nuestras vidas. Si todos nos hubiésemos parado a pensar un poco sobre aquello que hemos estado haciendo los últimos años, es posible que nuestra escala de valores no se hubiese venido abajo y, de esa forma, hubiésemos caído en la cuenta que para ser felices no necesitamos rodearnos de tantos bienes materiales que no nos hacen falta. Nuestro egoísmo es tan infinito que no somos capaces de reflexionar que el día que dejemos de existir, no podremos llevarnos nada de aquello que con tanto ahínco hemos ido almacenando a lo largo de nuestra exigua vida.

¿Qué escritores le han influido más en su forma de contar historias?

ASG: mi formación lectora comenzó con el Don Apacible de Cholojov, sin embargo, debo confesar que la mayor parte de la literatura que he leído y, que más me ha influido, es de ámbito anglosajón. Y aunque siempre que uno se pone a redactar una lista de autores comete el error de dejar a algunos en el olvido, paso a citar a parte de ellos: Albert Camus, Truman Capote, Scott Fitzgerald, Jane y Paul Bowles, Henry Miller, Antonio Tabucchi, Marguerite Duras, Katherine Mansfield, Irène Némirovsky, y más recientemente, Knut Hansum o Stefan Sweig, entre otros. Sin olvidar a maestros del relato corto como el gran Chéjov, John Cheever, Raymond Carver.

¿De dónde surgió la idea de escribir “Los últimos pasos de John Keats”?

ASG: mi acercamiento a John Keats y su obra es una sucesión de casualidades que comenzaron, cuando a finales del mes de enero del año 2011, vi la película Brigth Star. Ese mismo año, en el mes de julio, visité Roma por primera vez, y la tumba de John Keats en el cementerio protestante de Campo Cestio, así como, la Keats-Shelley House en la Plaza de España. Sin embargo, no fue hasta el año siguiente, en mi segunda visita a la ciudad eterna, cuando sentí la cercanía del poeta e intuí que, detrás de su vida y de su obra, había una gran historia. Y a mi regreso de este segundo viaje, comencé a acercarme a Keats, primero a través de una reseña que ya titulé, Los últimos pasos de John Keats en la ciudad de Roma (un título que el azar quiso que más tarde me propusiera mi editora Noemí Trujillo para la novela, pues ese no era el inicial). Después de esa breve reseña, comencé a pensar en sus últimos días como un relato corto, para a medida que me adentraba en él y en su obra, ser consciente que estaba ante el primer gran reto de mi carrera como escritor. De ahí que, como mi primer contacto con el poeta, fue la película de la directora neozelandesa Jane Campion que retrataba sus tres últimos años de vida, pero acababa cuando él parte hacia Roma, me pareció una buena idea retomar la historia desde ahí, pero desde el punto de vista del poeta.

 ¿Es difícil meterse en la piel de un poeta que con veinticinco años se está muriendo?

ASG: lo primero que debo confesar, por muy sorprendente que parezca, es que antes de atreverme a afrontar un proyecto tan ambicioso como este, yo no era lector de poesía. Es verdad que había leído algunos poemas, pero no había profundizado en la vida de ningún poeta ni en su obra. A pesar de esa contradicción, cuando retomé la escritura y la necesidad de narrar día a día, mi proceso creativo desembocó en un estilo y en una forma de contar la realidad, que me llevó a hacerlo de una manera intensa y poética. Siempre digo lo mismo, pero todos aquellos que han leído mis reseñas, ya conocían esa necesidad de buscar la belleza en mi forma de unir una palabra tras otra. Y esta novela representa eso, el punto final de una forma de ver y entender la literatura y la escritura en la que buscar la perfección sin que se note, intentando dar a las palabras, las frases y los párrafos, un ritmo y una musicalidad como si formaran parte de la partitura de una canción. Y la obra de Keats y su vida, sin yo ser consciente de ello hasta que estaba inmerso de lleno en la escritura de la novela, representan esa forma trascendente que yo entiendo que tiene la literatura. De ahí, que no sé si Keats me buscó a mí o el destino hizo que yo llegara a él de una forma inconsciente, pero esta vez el azar estoy seguro que tuvo mucha culpa en el resultado final de ese encuentro.

 ¿Qué le llevó a afrontar la narración en primera persona y en un formato de diario?

ASG: cuando por fin me decidí por el formato de novela como el definitivo para abordar los tres últimos meses de la vida del poeta, lo hice en tercer persona, pero enseguida caí en la cuenta de que, o arriesgaba de verdad, o si no, no tendría éxito en mi propósito. Había que jugársela, y la única forma de aceptar el riesgo, era hacerlo dándole una voz en primera persona al personaje y meterme en su piel para intentar salir victorioso del envite.

 ¿Qué supone para usted la publicación de esta novela?

ASG: para mí es un sueño hecho realidad, pues Los últimos pasos de John Keats es el libro que siempre quise escribir. Es cierto que cuando lo terminé no sabía qué iba a ocurrir, pero las palabras de mis editores primero, y luego las que me han hecho llegar los lectores y las críticas que está recibiendo la novela, me llenan de esa satisfacción del trabajo bien hecho, pues los miedos eran muchos y la incertidumbre grande, y siempre ha estado y estará ahí. Quizá ya no vuelva a escribir nada que merezca la pena ser editado y leído después de esta novela, pero esta aventura literaria, en sí misma, justifica gran parte de mis anhelos literarios, pues los he visto materializados. Y, por supuesto, Keats, es el culpable de ello.

 ¿Solo se entienden los poemas con los sentimientos?

ASG: esas son unas palabras que, mi editora, Noemí Trujillo, esboza en el magnífico prólogo que abre la novela, y que sin duda, ella como poeta, sabe muy bien cuál es el verdadero significado y el alcance de esa frase. Y sí, leer y disfrutar de la poesía es como subirse a una barca por la noche en un lago… y dejarse llevar sin necesidad de pensar hacia donde nos traslada la corriente.

Anuncios

Información

Esta entrada fue publicada en 17 febrero, 2015 por en Nuestros autores y etiquetada con , , .
A %d blogueros les gusta esto: