Revista Digital Playa de Ákaba

Para llegar a la playa de Ákaba hay que cruzar el desierto, para publicar en Playa de Ákaba solo hay que tener talento

Entrevista con Anton Arriola, autor de la novela “Rjukan”

Anton Arriola: «Yo llego a la escritura por vía de la reflexión sobre ese personaje tantas veces mezquino y a veces heroico que es el ser humano; que somos todos».

a arriola
¿De las finanzas a la escritura?
A.A. Un cambio enorme. Siempre he sabido que el mundo financiero no era mi vocación, y en cuanto he podido me he escapado. Durante muchos años la lectura y la escritura han sido compañeros cercanos y apasionantes, pero relegados a un papel secundario por otras prioridades. Ahora por fin me dedico a lo que realmente me pide el cuerpo.
¿Y qué te pide el cuerpo?
A.A. Yo llego a la escritura por vía de la reflexión sobre ese personaje tantas veces mezquino y a veces heroico que es el ser humano; que somos todos. El enfoque que persigo como escritor consiste en establecer por un lado qué aspectos del ser humano me interesa explorar en cada novela, y por otro lado intentar desarrollar una trama ágil, impactante y que capture en todo momento la imaginación del lector. Intento combinar la reflexión y la acción.
Danos ejemplos de esa combinación reflexión-acción.
A.A. En mi primera novela, Rjukan, recientemente publicada por Playa de Ákaba, la reflexión versa sobre el sentido de la existencia humana y la dicotomía triunfador-perdedor, y la trama está ambientada en el mundo del alpinismo en un pueblecito remoto en Noruega. En una segunda novela, La travesía del Voga, que se encuentra en vías de publicación, la reflexión trata los dilemas éticos y filosóficos a los que nos vamos a tener que enfrentar en un futuro próximo en el campo de la inteligencia artificial, y aborda el sentido de la inmortalidad. En este caso la trama principal se desarrolla en una travesía en velero por el Mediterráneo, con tramas paralelas secundarias en Washington y Nueva York. En una tercera novela que estoy escribiendo exploro la posición de un cura que ejerce habiendo perdido la fe, y que en la trama, que ocurre en un pueblo cercano a Bilbao, se ve involucrado en el esclarecimiento de un asesinato.
Parecen situaciones muy dispares.
A.A. Como digo lo que tienen en común es que parto de la exploración de aspectos de nuestro paso por este mundo, de entre aquellos que llamamos esenciales: la necesidad o no de un sentido trascendente, nuestra relación con el triunfo y la competitividad, amor y desamor, nuestro afán —o no— de inmortalidad, religión versus ateísmo versus espiritualidad, o las incoherencias y contradicciones que nos caracterizan a los humanos.
Además, casi siempre hay algún muerto por medio. Alguien dijo que una novela sin muerte es una novela sin vida.
Háblanos de Rjukan.primera de cubierta rjukan
A.A. La novela tienes dos génesis: en el plano de la reflexión surgió tras una relectura de El mito de Sísifo, de Albert Camus. Un ensayo deprimente respecto a la condición humana hasta sus últimas páginas, donde el filósofo da la vuelta a la tortilla para decirnos que a pesar del sinsentido de la vida merece la pena enfrentarse a ella con rebeldía y alegría —«Hay que imaginarse a Sísifo feliz», es su última frase—. En Rjukan planteo que si logramos olvidarnos de lo que yo llamo la «nostalgia de sentido» y centrarnos en la mera existencia por supuesto que esta puede ser plena y feliz. Pero parece que todavía no hemos logrado superar del todo lo que Nietzsche llamó «la muerte de Dios».
Por otro lado, la novela surgió tras un viaje con amigos alpinistas a Rjukan, un enclave mítico en el mundo de la escalada en hielo —soy muy aficionado al alpinismo—. Aquel paraje salvaje me inspiró para situar la trama allí.
¿Y de qué trata la trama?
A.A. Un periodista de montaña tiene que pasar una prueba en las cascadas de hielo de Rjukan, de cara a ser admitido en una expedición al Annapurna. Dos alpinistas profesionales de mentalidades antagónicas van a liderar la expedición: uno representa la búsqueda del éxito a cualquier precio, el otro se refugia en la montaña precisamente huyendo de lo que la sociedad considera tener éxito; buscando unos valores sencillos y claros, y logros personales compatibles con la camaradería y la solidaridad. La convivencia se ve marcada por las tensiones entre los dos alpinistas y por el rápido deterioro de la relación entre el periodista y su mujer, que está profundamente decepcionada con la incapacidad de su marido para progresar y triunfar socialmente.
El mundo de la montaña no tiene mucha tradición en la literatura.
A.A. Así es, sin embargo es un territorio literario muy fecundo, porque en él la alegoría sobre nuestros triunfos y fracasos es muy clara e inmediata. Te juegas la vida por subir a la cima; ¿y qué significa la cima? Has cumplido tu objetivo, te sientes bien unos días, y luego vacío de nuevo; necesitas ir a por otra. Quizás haya que pensar más en el camino que te lleva a la cima y menos en la cima; algunos alpinistas lo hacen, otros no. Algunos escaladores de la vida lo hacen, otro no.
En cualquier caso, la novela trata de un viaje interior más que del viaje físico, y no es nada técnica en términos de montaña. No hay que ser aficionado a ella para compartir este viaje.
¿Y la dicotomía entre triunfador y perdedor?
A.A. El perdedor es casi siempre un personaje más humano y profundo que el triunfador. Pero en la sociedad parece que solamente sirve el triunfo, y lamentablemente este se mide casi exclusivamente en términos económicos. Intento reivindicar el camino, la manera de hacer las cosas y de tratar a nuestros congéneres más allá del resultado, y también la figura del perdedor.
¿Cuál es el «camino» que te planteas como escritor? ¿Cómo definirías el triunfo?
A.A. Muy buena pregunta; me la hago constantemente. Comienzas por querer contar una buena historia, por acabarla y llevarla a buen puerto. Luego quieres publicarla; yo he tenido la suerte de hacerlo con Playa de Ákaba, una excelente editorial. Luego quieres que se vendan muchos ejemplares. Ganar algún premio. Y estás de nuevo en una espiral. Creo que el arte de compaginar nuestros anhelos de superación y reconocimiento con la capacidad de disfrutar del instante, sin proyecciones de futuro, es esencial en una buena vida. El triunfo exterior como escritor sería vender mucho y ser muy conocido; el interior vendrá sin duda mucho más marcado por ser capaz de disfrutar de lo que tengo —que es mucho— y de disfrutar de cada día. Para ello la única clave segura que he descubierto es el amar con constancia y alegría a los que te rodean.
Por último, pregunta obligada: alguna referencia literaria.
A.A. Durante muchos años he leído sobre todo filosofía, y entre lo que conozco me he sentido identificado con Sócrates, Epicuro, Schopenhauer, Nietzsche y algunas cosas de Sartre. En literatura soy muy ecléctico, me gusta que el autor busque trasmitir pensamientos existenciales de una manera muy directa, como lo hacen por ejemplo Milan Kundera o Michel Houellebecq, aunque creo que a veces la trama sufre por ello. Me gusta también la ironía descarnada, Louis-Ferdinand Celine es un maestro. De lo que he leído recientemente, Cormac McCarthy. Y genio indiscutible, pero arduo de leer, Marcel Proust. Como te digo, un poco de todo.

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Esta entrada fue publicada en 18 febrero, 2015 por en Nuestros autores, Sin categoría y etiquetada con , , , .
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