Revista Digital Playa de Ákaba

Para llegar a la playa de Ákaba hay que cruzar el desierto, para publicar en Playa de Ákaba solo hay que tener talento

Entrevista a Eugenio Asensio Solaz, autor de la novela, Tiza

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Eugenio se ha sentado enfrente. Me mira con ojos que buscan la camaradería al tiempo que indican que están preparados para intervenciones al vuelo, que pretendan sorprenderlo en las futuras preguntas. Ha pedido una infusión, aunque dice que lo que le pide el cuerpo es un gin tonic, pero que no lo pedirá por estar muy cansado, con lo cual le produciría modorra. Acordamos empezar y ahí va la primera.

 

¿Es cierto que la primera frase de una novela puede condicionar al resto?

No creo que eso se cumpla absolutamente. Sí que la primera imagen de la primera página puede invitar a seguir leyendo o a dejar el libro en el expositor. Reconozco que muchos autores nos esforzamos en iniciar la relación con el lector con algo rotundo, que no necesariamente impactante, lo cual es siempre relativo. Después, al tiempo que la historia se va hilando, todos quisiéramos crear algo hipnótico y que no nos traslade al guion de una película televisiva de sábado por la tarde, es decir, que no podamos decir que eso ya lo hemos leído o visto.

 

¿Cuál es el libro que hubieses querido que no se terminase?

Son varios. Importante es entender que cada libro, en relación con su lector, debe llegar en el momento preciso. No sé si todas esas lecturas que nos gustaron tanto, resistirían reencuentros. Si he de citar algunos títulos, podrían ser, El maestro y Margarita, De ratones y hombres, Cien años de soledad, La geometría del amor, Alguien voló sobre el nido del cuco, y, por supuesto, El Quijote.

 

¿Qué es lo que más valoras en una novela?

Hablaríamos de elementos intangibles que no se pueden concretar; sin embargo, admito que como lector y como autor he ido evolucionando. Hoy, no sé si mañana, puedo decir, que huyo del estilo barroquizante, de las descripciones que solo buscan remansar la acción a fuerza del análisis minucioso y gratuito. Todo se debe dosificar. El lector ha pagado la entrada a un espectáculo y no podemos abusar de él, no podemos recrearnos como quien se prueba camisas delante del espejo sin tenerlo en cuenta. Concretando más, valoro a los antihéroes, por lo que tienen de proximidad con el ciudadano común. Valoro al máximo la relación entre los personajes, lo cual se debe trabajar, fundamentalmente, con los diálogos: breves en cada intervención, salvo si se debe explicar todo un suceso, y certeros. Es algo que encierra gran dificultad, pero cuando se logra se agradece como lector, y, en cuanto que narradores, nos libramos de afectaciones gratuitas.

 

¿Y lo que menos valoras?

Que en el narrador se refleje demasiado el autor. Cierto es que el autor está en todas partes, pero yo lo concibo nada más como un personaje testigo de unos hechos ficticios, aunque no participe de la acción. En mi caso se me podría decir que mi protagonista es profesor y que yo soy profesor, con lo cual podría parecer que no se cumpliría con lo que expongo. Yo añadiría que el reto ahí ha sido complejo. Sé que por momentos puedo aparecer, pero cotejando mi trayectoria y mi actividad diaria con la del personaje, estamos a años luz.

 Portada Tiza

 ¿Te parecen, estos, malos tiempos para la novela?

Me parecen pésimos. No por la falta de creadores, al contrario, sino por cuestiones que quiero englobar en el término sociológicas. A veces pienso que vivimos, en cuanto al interés literario, en el siglo XVIII. Siglo interesante en el reconocimiento de los valores del ciudadano y los impulsos científicos, sin embargo, no siempre interesantes en la literatura de ficción (salvo excepciones muy merecidas). El mundo es de los informáticos, de los ingenieros, de los antenistas y de los banqueros. A las humanidades les queda una porción en ocasiones ínfima.

 

¿Los sistemas educativos pueden ayudar a cambiar la situación de las humanidades?

En la formación educativa está todo. Siendo profesor de instituto he asistido a diferentes programas educativos, y puedo constatar que progresivamente la literatura ha ido quedando relegada a puestos de la cola. En estos momentos, en el bachillerato de Cataluña, solamente se imparten dos horas. Difícilmente se puede ahondar con dos horas de literatura en el programa de primero y dos de lengua para segundo, ahí se acaba en cuanto a asignaturas comunes. Olvidémonos del comentario de texto dispuesto en introducción, estructura externa, estructura interna, análisis y conclusión. Ahora el comentario al que nos hemos de resignar consiste en responder a cuatro preguntas de respuestas obvias. A ello se suma la selección de las lecturas. No se trata de despreciar a nuestros clásicos, al contrario, sino de actualizarlos inteligentemente. No creo que sea una correcta elección La Celestina a los dieciséis años. Claro que es una obra magistral. Yo, como tantos, leí El Quijote en 3º de BUP, pero si no se lee una adaptación podemos acabar perdiendo futuros lectores. Respondía Francisco Rico (en una entrevista en el programa El ojo crítico) a la pregunta «¿Deben leer El Quijote en secundaria?», que no. Sí leer una adaptación, suficiente para que les entre el gusanillo y más adelante, adultos, por propia voluntad, acercarse al texto completo.

 

¿Has recibido algún tipo de reconocimiento por tu novela?:

El primer reconocimiento del que he podido beneficiarme ha sido el gesto de mi editora al leer el manuscrito de Tiza, que le gustase y decidiese publicar la obra. Posteriormente, otro reconocimiento que no puedo dejar de agradecer, ha sido la decisión de los equipos de coordinación de diferentes bibliotecas de Badalona y Sant Adrià de Besòs, al decidir incluir mi novela en la lista de los clubes de lectura. Para no ser injustos, no puedo olvidar el gesto altruista de muchos blogeros y de pequeñas emisoras de radio, como Radio Pomar o bien Ona Sants-Montjuïc o Boca Ràdio. Sin embargo, la emisora local de referencia en mi ciudad, Ràdio Ciutat de Badalona, aunque personalmente llevé un ejemplar de Tiza, no se ha manifestado hacia ningún lado. De la televisión local, ni te cuento.

En cuanto a reconocimientos de la Administración

No pido reconocimientos individuales. Yo no merezco más que cualquier otro autor. Si acaso, debería estar más visible apoyando a las editoriales que echan toda la carne en el asador. Sé que es un tópico decirlo: la Administración apenas se interesa por la cultura. Como siempre, cumple con el frío expediente de una ayuda determinada, bien cuantificable, a efectos de una memoria de actuaciones, que ni yo ni otros como yo hemos recibido, y ahí se acabó.

 

Concretamente, ¿la Administración catalana ha mostrado algún tipo de reconocimiento?

¿La pregunta va en serio?

Totalmente

Diría que para la Administración catalana los intereses se mueven más en aspectos patrios, y mi novela está en otra cosa. Tiza no pretende exaltar identidades, tampoco echar más leña al fuego. Mi novela cuenta una historia de interés humano, no puede ser nunca objetivo de intereses estratégicamente electorales. ¿De qué manera la Administración catalana podría ayudar? Por ejemplo en los medios de comunicación públicos, dedicando más tiempo a la cultura, en concreto, a la literatura, con miras amplias y jamás interesadas.

 

Pero los medios de comunicación públicos catalanes hablan de cultura.

Infinitamente más de fútbol que de cultura, infinitamente más de unos equipos y de unos deportes que de otros. Supongo que se debe a que todo alimenta el mismo fin. No sé si viene a cuento, pero en mi Cataluña, el valor más destacado artísticamente no siempre es el de la introspección en el alma humana, el de las relaciones entre personajes, el de la verbalización de lo emocionalmente complejo, en definitiva, los valores literarios. Últimamente, en mi muy amada tierra, el valor más destacado es lo que se ha venido a llamar lo reivindicativo. Lamentablemente la reivindicación oficial siempre converge hacia el mismo objetivo.

 

¿En todos los ámbitos culturales?

Desde la oficialidad, casi siempre.

¿Y sobre los medios de comunicación?

Preguntémonos cuántos programas, tanto televisivos como radiofónicos, se dedican a la literatura. Los dedos de una mano serían suficientes para contarlos. Habrá quien crea que diciendo en los medios que el día de Sant Jordi (Día del libro) se llenó de libros y de rosas Barcelona, ya cumple con el cupo de programación cultural. No puedo resistirme al ejemplo de Playa de Ákaba, el sello que ha editado mi novela. Cuando se presentó públicamente la editorial, apenas tuvo resonancia mediática, aunque sí muchos asistentes al acto. Analicemos lo que representaba y representa. Para empezar, el hecho de que una editorial se ponga a caminar es siempre un acto heroico. Por un lado, la presencia de la poeta Noemí Trujillo, a su lado, Lorenzo Silva, un autor que ha conseguido tantos reconocimientos nacionales e internacionales, traducido, que pasea la literatura española por el mundo, si ambos han decidido donar su capital humano y económico para crear una editorial, es un acto que, cuando menos, debería ser anunciado en todos los medios. Seguramente es más rentable para estos decir que tal futbolista está triste, que tal equipo empieza a sonreír o que tal otro entrenó a puerta cerrada.

 

El profesor, protagonista de tu novela, ¿se muestra en la misma línea crítuica que tú?

No. El profesor de mi novela ha caído en un estado de abulia. Reflexiona mucho y actúa poco. Mi personaje es la consecuencia de las ofensas de su entorno y de su falta de pericia para ir capeando los tropezones. Ya no tiene fuerza para actuar, por lo que se mueve a golpes de resignación y de lo que queda de algo próximo a la responsabilidad.

 

¿El cine y la literatura no han mostrado ya demasiados profesores?

Cierto. Aunque parezca una paradoja, considero que era menester sacar a escena al profesor que desmitificara a tantos que se nos han impuesto en nuestro imaginario colectivo. Básicamente son dos tipos de profesores los que han predominado en las páginas y en la pantalla. Me refiero, por un lado, al profesor dotado de varita mágica capaz de cambiar la vida de los alumnos más descarrilados; por otro, en España hemos abusado del profesor, con todos mis respeto y admiración, machadiano, desaliñado y que pasa su dosis de hambre con resignación y justa ideología. Llevo dando clases desde 1988, exacto, desde el siglo pasado, y quiero decir que no he visto jamás en las aulas a esos dos tipos de profesores. En ocasiones pienso que se trata de un mito creado para despertar la admiración de todos. Ese profesor es la idealización de un personaje, de la misma manera que la historia de la literatura creó en el Renacimiento a la donna agelicata, o la escultura clásica, la perfección del cuerpo humano; lo cual no quiere decir que no tengamos en el recuerdo a grandes personas que también fueron grandes profesores. En la realidad, los profesores siempre hemos sido imperfectos, es más, sencillamente, reales. Eso quiero decir, en mi novela, abrir un espacio a la realidad. Como todo hijo de vecino nos equivocamos y nuestra capacidad personal se limita a escuchar en la medida de lo posible y a hablar cuando consigues el silencio de calidad que requiere nuestra profesión.

 

Diría que en las pantallas ya se ha visto el cambio del personaje del profesor. Exactamente, lo cual me alegra. No quisiera ser el único loco. No sé cuándo se escribieron los guiones de películas como Entre les mur o Die Welle, pero diría que son coetáneos, pues acabé mi novela hacia el año 2007.

 

¿Qué recorrido ha realizado Tiza hasta el momento?

En primer lugar se presentó en la librería +Bernat de Barcelona; pasamos después por el Espai Betúlia, de Badalona; por la Librería Lé, de Madrid; Caldes de Malavella y, próximamente, el 26 de marzo, volvemos a Barcelona, al Fnac de Las Arenas.

 

¿Algún proyecto en mente?

Tengo dos novelas más terminadas; obras de teatro, ni te digo. Una de estas novelas es un manuscrito que lleva en reposo demasiados años, ya que es anterior a Tiza. La última novela es una distopía amable, que juega con un tema tan contundente como el de la inmortalidad y, aun así, con alguna ironía. Si yo fuera nórdico, seguramente en esta obra caminaría por la frontera entre la angustia y el suicidio, siendo español, se desenvuelve en la sonrisa y en una cierta picaresca.

 

Eugenio me mira esperando más preguntas. Pero ya no hay más. Inútilmente, remueve la infusión, aunque esta haya dejado de humear.

 

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Esta entrada fue publicada en 23 marzo, 2015 por en Nuestros autores y etiquetada con , , , , .
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