Revista Digital Playa de Ákaba

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Entrevista con Nino Rippi, autor de la novela “Lola de una tarde”

NINO RIPPI: «He querido homenajear una vez más a las mujeres valientes y libres, como es Lola, la heroína de esta novela».

NINO RIPPI

 

Nino Rippi es un seudónimo, ¿por qué escribes con seudónimo?
Quería diferenciar el viejo escritor novel en que me habían convertido mis amigos del profesional serio y responsable que creo que era. Y no porque el primer libro fuera calificado de erótico (ya sabes que muchos clásicos del erotismo son incluso anónimos), pues, en realidad, se trata de cuentos morales. No, pensé en seguida crear este seudónimo, más aún un heterónimo, pues soy conocido entre los amigos universitarios de entonces por Rippi. Y la familia de mi madre, a quien debo sin duda mi vocación de cuentacuentos, son Ninos. Así que me lo pusieron fácil: Nino Rippi.

Se dice que detrás de todo escritor hay un gran lector. ¿Es tu caso? ¿Qué lees en estos momentos?
Sí, me considero un contumaz lector desde muy pequeño. He leído de todo, pero prefiero los cuentos y la novela. En este momento estoy releyendo la II parte de Don Quijote de la Mancha, al cumplirse el centenario de su publicación, y cada vez me gusta más. Al mismo tiempo, entre aventura y aventura del Ingenioso Hidalgo, leo Movimiento perpetuo de Augusto Monterroso, este ilustre epigramista.
Has publicado tres libros con éste. Los dos anteriores eran, si no me equivoco, cuentos: ¿Cuáles son las razones de haberte pasado a la novela?
Hay historias que no caben en la longitud de un cuento; y me apetecía contar ésta de Lola. Aunque no es adecuado considerar el cuento como un orden menor (algo así he oído decir a una prestigiosa autora, no recuerdo ahora quién); ni, tampoco, de corta duración: La muerte en Venecia de Thomas Mann es considerado un cuento, así como otros relatos (de Guy de Maupassant, por ejemplo), eran considerados en su tiempo como nouvelles de mayor o menor extensión.
¿Qué es lo que más valoras en una novela?
Que sepa atrapar al lector en su trama. Pero sobre todo, que, como todo arte, le haga emocionarse. Para ello, el autor tiene en su mano la poderosa arma del estilo. Y de los diálogos, más propio de las novelas que de los cuentos; en mi opinión, son los diálogos los que van perfilando el carácter de los personajes. En mi caso, dicen que mi estilo es sencillo y directo (quizás no se atreven a criticar que “demasiado directo”, a veces); yo me considero un realista. Supongo que totalmente demodé.

¿Y lo que menos?
Consecuentemente con lo anterior, me aburren soberanamente los lenguajes alambicados y rebuscados. También la erudición por la erudición. Ya advertirás que no me gusta Borges, de donde, como dice nuestro epigramático amigo, descubro que no soy inteligente, antes al contrario, «descubrir que uno es tonto y que hasta el momento no se le había ocurrido una idea que más o menos valiera la pena››.
¿Te parecen, estos, malos tiempos para la novela?
No sé con certeza. Quizás se publica mucho, sin demasiada exigencia literaria, y se sigue leyendo poco, muy poco. Además, es verdad que nos encontramos excesivos obstáculos para llevar una vida sosegada, huyendo del mundanal ruido, necesaria para la lectura. Pero para los amantes de la novela no hay excusa posible, siempre se le puede quitar horas al sueño para meterte de lleno en un gran novela. Lo que sí es posible, es que ya no haya grandes novelistas.

Veo que tus libros publicados lo son a través de la autoedición, ¿te parece una buena opción?
No, me parece, en mi caso, la única. Yo prefiero -supongo que casi como todos los que apuestan un día por la aventura de escribir- que una editorial se fije en mí y me haga su autor de referencia. ¿De qué manera: remitiéndoles tus manuscritos, presentándote a sus concursos? En otro tiempo opté por ambas opciones, sin grandes resultados (algún premio menor, alguna publicación conjunta…). Y, al final, recurres a la autoedición si crees mínimamente en tu libro. O si tienes, como en mi caso, suficientes amigos capaces de leerte y seguir siéndolo. A ellos se los dedico.

¿Prefieres los libros en papel o digitales?
Prefiero el libro de papel. No me acostumbro a leer en la pantalla, y, a mi edad, creo que ya no me voy a acostumbrar. Como he dicho en algún relato (en claro homenaje a J. J. Millás), creo que me moriré analógico perdido, como el padre de este autor.
Háblame de tu novela: ¿qué ha querido transmitir a través de esta historia?
He querido homenajear una vez más a las mujeres valientes y libres, como es Lola, la heroína de esta novela. Señalando al mismo tiempo la frustración que produce en nosotros los varones, acostumbrados como estamos a la preponderancia, forzada, injusta y anacrónica de nuestro sexo, no estar a su altura; de no tener la lucidez necesaria para advertir su presencia, ni valentía para no dejarla escapar. Claro que, una cosa es lo que se propone el autor, y otra la que puede deducir el lector: yo creo en la interacción de la literatura, del arte en general.

Noemí Trujillo alaba la fuerza de la narración y, sobre todo, la construcción del personaje femenino. ¿Te has basado en algún personaje real o es producto de la ficción?
Lola de una tarde es enteramente una obra de ficción. Claro que, como nos pasa a los escritores considerados realistas, nos basamos en la realidad circundante, en nuestras propias experiencias o en las de nuestro entorno inmediato. En Lola hay muchas mujeres y quizás algún hombre. Como sabes, los lectores y los críticos anduvieron mucho tiempo intentando conocer la identidad real de Madame Bovary. Hasta que Flaubert dijo que Emma era él mismo. En cuanto a la construcción del personaje femenino, me lo han dicho más de una vez, posiblemente porque me crié entre mujeres y nada de su mundo me es ajeno.

¿Tienes algún proyecto en marcha?
Hay un proyecto inacabado que es un libro de memorias, al que acudo cada vez. Y ello me ha dado más de un disgusto, porque algunos biempensantes quieren ver en mis personajes a gente de mi pueblo, de la familia y de mí mismo. También tengo unos cuantos cuentos escritos, alguna novela más. Pero no sé si las publicaré. Como le dije a Noemí, y aun estándole eternamente agradecido por la atención dispensada a Lola…, no me parece elegante obligar a mis amigos a adquirir cada año un libro mío. Y con estas ediciones tan reducidas, ¿Quién te lee: cincuenta, cien personas? Ya tengo demasiada edad como para ilusionarme: la autoedición de esos pocos libros -que tus amigos van a comprarle aunque luego no les guste tanto- es una vana ilusión.

Nino Rippi es el seudónimo literario de Jesús Cano Martínez (Blanca, Murcia, 1945). Arquitecto de profesión y escritor por vocación, ha publicado el libro de cuentos eróticos: CLITORIS PECCATA MUNDI, en 2007 (Editorial Opera Prima, Madrid); el de relatos de diverso género: Historias disparatadas, en 2009 (Editorial Club Universitario, ECU, Alicante); y, ahora, con Playa de Àkaba, la novela: LOLA DE UNA TARDE; entre otras colaboraciones en publicaciones colectivas.

Lola de una tarde
Lola es una abogada en la madurez de su vida: hecha a sí misma, conocedora de la fortaleza de su carácter, el poder de su sexualidad, y dispuesta a no perderse ninguna otra oportunidad que le depare la fortuna, tras la desgarradora circunstancia de la muerte de su compañero. Miguel, diseñador gráfico, es un hombre de más edad abrumado por los prejuicios y los miedos, que se debate entre la lealtad y el deseo del cazador que fue antaño. Esta novela es la historia de una relación tan fugaz como apasionada. Una historia de deseo y sexo, contada en un estilo directo y sencillo en toda su crudeza. Pero, sobre todo, es la historia de una frustración.

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