Revista Digital Playa de Ákaba

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Entrevistas a la Generación Subway 3: Elena Marqués

Elena Marqués (Sevilla, 1968), licenciada en Filología Hispánica, trabaja como correctora de textos en el Parlamento de Andalucía. Ganadora de los concursos de relatos «Paso del Estrecho 2010», XV Certamen Literario «San Jorge» (modalidad, relato corto), V Concurso de Relato Cortos Ciudad de Huesca, Certamen de Literatura basada en valores «Concha de luz» 2012 y 2013, I Concurso de Cuentos «Salvemos el Palais Concert», V Certamen Literario del Agua, Certamen de Poesía Social de León, VIII Premio Internacional Vivendia-Villiers de Relato Corto, XXVII Certamen Literario «Villa de Navia» y XX Certamen de Relatos de la Fundación Gaceta. Novelista, también es coordinadora de antologías y editora.

08-Elena Marqués-Semblanza-¿Qué es para ti ser «Subway»? Para mí es pertenecer a una comunidad de incomunicados, de insatisfechos, de hombres y mujeres que han nacido invisibles y que no se resisten a permanecer subterráneos. Por eso unen sus voces: para ser oídos. Para existir más allá de su soledad.

-¿Desde cuándo eres «Subway»? Mentalmente, o por filosofía, desde siempre, aunque me haya sumado a ellos hace apenas un año.

-¿En cuántos de los volúmenes publicados has participado con tus textos? En tres: en los volúmenes II y III de relatos y en el II de poesía.

-Señala algo significativo de tus textos publicados en el proyecto. Creo que en todos ellos se respira el desengaño, la soledad, la incomprensión. Los protagonistas de los relatos son seres diferentes al resto, con un soplo de locura. Hay algo oscuro en esos textos. Aunque quizás deba confesar que en casi todos los míos.

-¿A qué autores «Subway» sigues? ¿Qué te gusta de ellos? Leo todo lo que puedo de ellos, si bien, por mi amistad personal, destaco la sensibilidad de Paz Martín-Pozuelo y Belén Rodríguez Quintero; el trabajo incansable de Ángel Silvelo Gabriel; el ingenio de Andrés Ortiz Tafur; la fina ironía de Manuel de Mágina. Y, por supuesto, la fecundidad de Noemí Trujillo y el interés de quienes, como Carlos Segovia o Mónica Sánchez, han asumido la responsabilidad de guiar las antologías.

-¿Crees que el proyecto «Subway» te ha dado visibilidad como autor? No lo sé aún, pues, como quien dice, acabo de llegar; pero no dudo que en breve veré los frutos de pertenecer a este grupo.

-¿Cuál es para ti el activo más importante de la «Generación Subway»? Su actividad constante, su presencia en ferias y focos de la cultura. Aparte de la calidad de sus textos, que va de suyo.

-¿Qué idea aportarías de cara al cuarto volumen? Me ha gustado cada una de las propuestas que se han hecho, si bien yo apostaría por textos más largos donde los autores pudieran demostrar sus capacidades narrativas. Reunir, por ejemplo, en un solo volumen a tres o cuatro autores con novelas cortas. Eso, en mi opinión, les daría mayor visibilidad.

-La «Generación Subway» ha pasado ya por Carboneras, Córdoba, Getafe, Madrid y Alcalá de Henares. En breve visitará Trujillo, Torrejón de Ardoz, el Valle del Jerte, Valladolid y Gijón. ¿A qué ciudad o localidad te gustaría que fuera? Es obvio que a Sevilla, donde vivo. Mis actuales circunstancias no me permiten acudir a casi ninguna de las citas. A esa no faltaría.

-¿Qué te parece que en los libros se incluyan textos de autores llamados «Subway Junior», es decir, menores de 18 años? Sinceramente, no me parece del todo una buena idea. Pienso que hay cosas que se aprenden con el tiempo, la experiencia y el trabajo. Y, en el caso de la literatura, a todo eso hay que añadir las lecturas, muchas lecturas. Yo aún, con mis casi cincuenta años, me veo «verde» para escribir. No existen licenciaturas ni grados para el arte, pero mi opinión es que el tiempo y la práctica son los que nos enseñan a contar.

-Si tienes que hacer autocrítica, ¿qué es para ti lo mejor y lo peor de la «Generación Subway»? Lo mejor es su continua actividad, su trabajo incesante; lo peor para mí es que su centro (como en otros muchos casos) está más bien en Madrid y yo, además de «subway», soy «periférica».

¿Crees que la «Generación Subway» es algo que se ha quedado en el corazón de mucha gente o te parece algo pasajero que se olvidará pronto? Creo que aún es pronto para decirlo, y también que, en cierto modo, dependerá de cómo actúen sus componentes, de cómo se muevan, de cómo escriban. Solo lo bueno permanece.

-¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué estás escribiendo? Cuéntanos tu próximo proyecto literario. Trabajo en varias cosas a la vez. O, por mejor decir, escribo ahora mucha poesía sin ningún fin y la alterno con relatos cortos que a veces me piden para algunas antologías o revistas. Mientras, aprovecho para seguir corrigiendo una y otra vez novelas que tengo en la recámara.

Uno de los puntos del ideario de la «Generación Subway» es cómo el humanismo decrece al paso de las nuevas tecnologías. ¿Qué piensas al respecto? Que, desgraciadamente, es así, y así de triste. Sin embargo, también observo que hay un interés creciente por la poesía, al menos en los círculos en los que me muevo, como si fuera una tabla de salvación. Por otra parte, pienso que ambos conceptos no tienen por qué ser incompatibles, sino que el humanismo debe aprovecharse de la tecnología para resurgir con fuerza.

-¿Crees que el siglo XXI es un siglo de incertidumbres? ¿Qué piensas del momento en el mundo del arte y la literatura? Creo que el ser humano vive en la incertidumbre: es su sino. A pesar de su grandeza, destruye a veces más de lo que crea; pero también de esa decadencia surgen hermosas obras de arte, o incluso con más fuerza por la necesidad de la belleza, que es también intrínseca al ser humano.

¿Quiénes han sido tus madres/padres literarios? Los escritores que me inspiran (García Márquez, Cortázar, Borges, Garcilaso, Jane Austen, Thomas Mann, Kafka, Muñoz Molina, Saramago, Millás, Pessoa, Javier Marías…), los que me acompañan (Luisa Núñez, Carmen Pita, Manuel de Mágina,…), los que me enseñan (Sara Castelar, Alejandro Lérida, Paco Carrascal…), los que me ofrecen la oportunidad de publicar (Miguel Ángel de Rus, Alberto Trinidad, Noemí Trujillo, Antonio Burillo…), los que descubro cada día (Benjamín León, Coradino Vega, Jesús Tortajada…). En fin, que tengo familia numerosa.

 -¿A qué autor recomiendas encarecidamente leer? Esa pregunta es casi imposible de contestar. Depende de quien me pregunte y lo que ande buscando. Pero a Víctor Hugo hay que leerlo sí o sí.

-La «Generación Subway» aboga por una identidad transeúnte. ¿Cómo definirías este concepto? No solo como un grupo nómada que se desplaza para llevar la literatura a todas partes, sino como escritores del mundo.

-¿Crees que la incertidumbre política que vive el país le pasa factura también a la cultura? ¿Qué piensas del IVA cultural, de la piratería, de los derechos de autor y de las subvenciones al sector del libro? La incertidumbre política, como toda crisis, debe suponer un buen momento literario. Esto está «demostrado históricamente». Solo hay que recordar el Siglo de Oro español. O sea, que no achaquemos todo lo malo a la cuestión política. Sobre el IVA cultural no puedo opinar nada bueno, pero no es suficiente excusa. Quiero decir que la gente afirma no ir al teatro o al cine por los precios, y no estoy segura de que, de ser más bajos, la diferencia de público fuera brutal.

Relaciono este tema con la piratería. Es algo tan generalizado… La gente ve normal no pagar por la cultura, y eso tampoco puede ser. Las editoriales y las librerías quebrarían, los autores no cobrarían derechos de autor… No favorece a nadie. Sería minusvalorar la labor de los creadores y sus obras.

Y subvenciones… pues para los sectores que más lo necesiten, y es evidente que, hoy en día, la cultura es uno de ellos.

-En todas las entrevistas televisivas con nuestros candidatos políticos la cultura ha sido la gran ausente en los temas de conversación. ¿Qué le dirías a los distintos representantes de las cuatro fuerzas políticas más importantes del país? ¿Por qué crees que tienen tanto miedo a hablar de cultura en los debates? No creo que exista miedo, sino absoluta indiferencia. Se le da poca importancia como algo secundario, cuando no lo es en absoluto. Creo que hay constituciones y declaraciones de derechos que consideran la obtención de la felicidad como uno de esos derechos básicos, y no hay nada que pueda hacer más feliz que la literatura o el cine.

Lánzanos una idea subterránea. Mis ideas subterráneas están en lo que escribo. Solo hay que leerme.

Como creador/a, ¿cómo definirías el espacio fronterizo que existe entre la creatividad y el arte? La creatividad es un don más abundante de lo que pueda pensarse. Todos tenemos un área en la que destacamos. Eso no quiere decir que lo que hagamos se convierta automáticamente en arte. Genios nacen pocos. Todo lo demás es técnica, esfuerzo, trabajo, trabajo, trabajo…

-¿A favor o en contra de los premios literarios? A favor. Son un acicate, una manera de medir nuestras fuerzas.

-¿A favor o en contra de los premios literarios solo para mujeres? No estoy a favor. La mujer y el hombre compiten en estas lides en igualdad de condiciones, y no estoy muy segura de que exista una literatura femenina. O al menos no me gustaría que existiera. La Literatura ha de ser universal, sin distinciones.

-¿A favor o en contra de la RAE? Soy su más acérrima defensora y admiradora, aunque no esté de moda esa actitud.

-¿A favor o en contra del masculino genérico? ¿Por qué? ¿Crees que la lengua española es machista? Yo prefiero el masculino genérico porque no traiciona nunca. Simplemente, contiene a los dos géneros. Soy de la opinión de que hacer continuos desdobles dispersa el discurso y te alerta de que alguien no está muy a gusto. Y ocurre que es una tarea ímproba en la que finalmente se cometen fallos. Entonces, sin darnos cuenta, entre tantas terminaciones femeninas y masculinas, se cuela un masculino y ¡zas! ¿Qué pasa ahora? ¿Cómo lo interpreto? ¿Como masculino genérico? ¡Ah! Entonces es que existe.

Yo abogo por la naturalidad y por la lucha real para que hombres y mujeres seamos iguales. La lengua no es machista; solo basa su funcionamiento en los principios de economía y eficiencia. Repito una frase de una amiga. «A mí me da igual que me digan “andaluz” o “andaluza”: yo lo que quiero es que mi marido planche». Pues eso.

-¿A favor o en contra de Facebook y otras redes sociales como herramienta de promoción? A favor, aunque termine convirtiéndose en una locura. Quiero decir que el hecho de que todo el mundo tenga acceso a ellas y a escribir hace que no demos abasto y acabemos enterrados bajo un tropel de textos, incapaces de discernir cuál puede ser verdaderamente interesante. Y el alcance, al fin y al cabo, no deja de ser limitado. Los amigos y poco más. La promoción ha de hacerla un profesional. Lo difícil, en este caso, es que a un escritor novel lo tomen en cuenta.

¿Qué le dirías a un escritor para animarle a ser «Subway»? Que nos leyera y decidiera después.

 

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