Revista Digital Playa de Ákaba

Para llegar a la playa de Ákaba hay que cruzar el desierto, para publicar en Playa de Ákaba solo hay que tener talento

Entrevistas a la Generación Subway 3: Daniel Sarasola

Daniel Sarasola (Bilbao, 1962). Actor, escritor, traductor (de francés e inglés) y profesor de literatura dramática en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Ha seguido cursos de interpretación en el Conservatorio Nacional de París y en The Gaiety School of Acting de Dublin y trabajado como actor en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Ha colaborado en muchas publicaciones de carácter cultural y ha publicado piezas teatrales, relatos y poesía, en antologías como Generación Subway 2 y 3 (Playa de Ákaba), como el realto “Dulcinea a la fuga”.

foto01-¿Qué es para ti ser «Subway»? Para mí significa tener conciencia de que la creación artística verdadera en nuestros días se ha replegado a las trincheras del anonimato y está gravemente aquejada de invisibilidad. Relaciono subway con profundidad en un sentido amplio: no quedarse en lo banal y en lo superficial, meter el dedo en la llaga hasta lo más profundo, atrever a meterse en las profundidades abisales de uno mismo y reconciliarse con esa parte maldita que todos tenemos para salir fortalecido. Pero también ser subway es emerger con fuerza del túnel y reclamar con rebeldía un hueco bajo el sol.

¿Desde cuándo eres «Subway»? En espíritu, lo soy desde hace mucho pero en realidad he empezado a participar en el segundo volumen de Generación Subway Poesía. El hecho es que  tengo publicadas varias piezas teatrales, una novela y varios relatos en otras editoriales antes de  meterme en esta aventura. Además, me he dedicado – y todavía me dedico- a la traducción literaria y he dedicado años a la interpretación actoral que fue mi primera pasión, a la que quiero volver ahora con más intensidad. Todo este cúmulo de actividades, además de trabajar como profesor de Literatura Dramática en la Real  Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, me ha hecho fijarme en este grupo de gente maravillosa que escribe pero que hace muchas más cosas al tiempo, con la rabia de saber que, en nuestra época líquida, para sobrevivir material y espiritualmente, hay que  ser polifacético.

-¿En cuántos de los volúmenes publicados has participado con tus textos? Como decía, he participado con poemas en Generación Subway Poesía II y Generación Subway Poesía III, además de haber publicado con un relato en el tercer volumen Subway de relatos

-Señala algo significativo de tus textos publicados en el proyecto. Mis poemas de Subway subrayan la deshumanización a la que esta era digital de cacharritos y juguetitos nos ha sometido a todos, conduciéndonos a una innegable infantilización global que nos mantiene ocupados en un continuo y agobiante aprendizaje de nuevas técnicas cada vez más sofisticadas, mientras los poderosos tienen cada vez más las manos libres para desmantelar derechos fundamentales, certezas, e incluso se arman de  los datos – antes confidenciales e inaccesibles- que nosotros lanzamos al espacio sideral de la red, para tenernos cada vez más controlados, para bombardearnos con amenazas y objetos de consumo inútiles que disminuyen nuestro poder adquisitivo e intelectual. La conversión progresiva de lo privado en materia de dominio público, nos hace más vulnerables y punibles, somos chatarra electrónica, idónea y lista para ser vigilada y castigada, como diría Foucault.

También me gusta jugar en un mismo poema con la sonoridad de dos lenguas  diferentes, ver cómo se contraponen, se complementan y se contradicen, subrayando al máximo el carácter de partitura musical que, para mí deben tener, sobre todo, la poesía y la pieza dramática. O escribir, como en el caso de Los años Gatsby o Comme si de rien n´étaît, otra versión en inglés o en castellano, descubriendo la metamorfosis, primero sonora y, después, conceptual,  a la que te conduce la nueva lengua.

La idea de “jugar a ser otro” que está en la base del trabajo actoral, también toma forma en algunos de mis poemas, como El otro, o en mis relatos, como en Dulcinea a la fuga. Construirse identidades diferentes a las reales de uno, para bien o para mal, también es un comportamiento que el uso de la comunicación moderna a través de chats, correos, whatsApp, twiters, ha generalizado en esta época nuestra tan barroca donde nada es lo que parece, donde la existencia más que nunca es un indescifrable laberinto de espejos y el mundo un gran teatro donde estamos condenados a interpretar el personaje que quiera el director todo poderoso, si no nos rebelamos para desdoblarnos en otros posibles, mudables según las necesidades que vayamos teniendo. Cada vez estoy más convencido de que la fuerza de nuestra rebeldía radica en nuestra capacidad de metamorfosis, en considerar nuestra identidad como constructo manejable a nuestro antojo y no al de los que mandan. Y en eso, las nuevas tecnologías, pueden ser grandes aliadas. Aunque también haya un lado muy peligroso en ello…

-¿A qué autores «Subway» sigues? ¿Qué te gusta de ellos? En poesía me han conmovido especialmente  Carmen Arche Ortiz por su capacidad para crear imágenes sinceras. Además, tengo que decir que su relato El deseo de ser mi padre es uno de los que más me han cautivado, junto a  Estación de Abbesses de Mónica Sánchez.

Sigo con interés los poemas de Esteban Cabrejas, Rosario Curiel, santos Dominguez. Emilia Oliva, Noemí Trujillo, Josep Piella, Irene Sñanchez y Rosario Troncoso. Encuentro afinidades con David Yeste, me gustan mucho sus poemas Perros rabiosos y Rocanroles.

-¿Crees que el proyecto «Subway» te ha dado visibilidad como autor? Quiero creer que sí. Me parece que las publicaciones subway comienzan a verse con normalidad pero también sé que el problema fundamental que tienen las editoriales en este país es el de la distribución y el de la desconfianza de los libreros ante lo que no consideran un “valor seguro”, cosa que, por lo general, suele ser para la gran mayoría bestsellers que han gozado de una amplia campaña de difusión en los medios o cuyos autores son más o menos mediáticos. Muchos de ellos, maravillosos escritores, claro.

-¿Cuál es para ti el activo más importante de la «Generación Subway»? Para mí está muy claro que el activo más importante de la Generación Subway es el grupo humano de escritores que la componen, su talento -que es mucho y ecléctico- y su esfuerzo.

-¿Qué idea aportarías de cara al cuarto volumen? Es difícil de decir pero yo me decantaría por lo que hablaba antes: elegiría un tema que podría ser “la infantilización global” a la que nos ha sometido la era digital, que, por otro lado, también es la era del posthumano, de la clonación, de la identidad concebida como constructo a la carta. Esta dualidad tan malévola es lo que más me fascina y aterra de nuestra época.

La «Generación Subway» ha pasado ya por  Carboneras, Córdoba, Getafe, Madrid y Alcalá de Henares. En breve visitará Trujillo,  Torrejón de Ardoz, el Valle del Jerte, Valladolid y Gijón. ¿A qué ciudad o localidad te gustaría que fuera? Desearía con todas mis fuerzas que el tren de Subway hiciera parada en Bilbo, Bilbao, mi ciudad natal, a la que encuentro deliciosamente subway: una ciudad dinámica que supo salir del largo y oscuro túnel de la reconversión industrial para vestir flamantes ropajes de destino del turismo cultural y donde la creación artística ha germinado con fuerza. Su aspecto físico ha mejorado notablemente porque siempre tuvo un espíritu fuerte y corazón de hierro. También me gustaría que Subway fuera a la tentadora y misteriosa Barcelona, tan literaria y esquiva.

¿Qué te parece que en los libros se incluyan textos de autores llamados «Subway Junior», es decir menores de 18 años? Me parece maravilloso porque implica una labor que escasamente se hace en el mundo editorial: fomentar la escritura entre los más jóvenes pero con el horizonte de una posible publicación, cosa que siempre anima y hace plantearse retos literarios con un sentido más profesional. Estimula el aprendizaje de la escritura en sí misma y de la profesión de escritor al tiempo.

-Si tienes que hacer autocrítica, ¿qué es para ti lo mejor y lo peor de la «Generación Subway»? Lo mejor, el talento ecléctico de los escritores que la componen. Lo peor el peligro a que muchos de sus nombres puedan caer en el anonimato. Pero eso es inevitable y solo el tiempo puede despejarnos esa duda.

-¿Crees que la «Generación Subway» es algo que se ha quedado en el corazón de mucha gente o te parece algo pasajero que se olvidará pronto? Somos mucha gente los que integramos esta Generación Subway y, por tanto, ya está en el “corazón de mucha gente”, a la que tendríamos que sumar los corazones de las personas que componen el círculo afectivo y de amistades de cada uno de nosotros. Eso ya me parece indiscutible. Como lo es que, pase lo que pase, siempre recordaremos que formamos parte de ella en su día. Respecto a que haya calado masivamente fuera de nuestro propio entorno, me parece que todavía no tenemos datos porque no ha transcurrido el tiempo suficiente y vivimos en una sociedad en la que cada novedad fagocita de forma inmisericorde a la anterior. Ya veremos. Pero lo primero ya tiene para mí mucho valor.

-¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué estás escribiendo? Cuéntanos tu próximo proyecto literario. En este momento me dedico a la traducción literaria y tengo además dos proyectos. Uno es poético: escribir una estructura de poemas de carácter autobiográfico, que tenga progresión dramática: poemas para ser interpretados en el canto o en la dicción con música en directo, es un pequeño sueño.

Otro, convertir ese mismo material en una pieza teatral. No sé bien por qué me voy a decantar.

El tercero es escribir una novela ambientada en mi ciudad natal. No sé por cuál me decidiré ni cuál me elegirá para que lo escriba.

-Uno de los puntos del ideario de la «Generación Subway» es cómo el humanismo decrece al paso de las nuevas tecnologías. ¿Qué piensas al respecto? Lo he dicho más arriba al hablar de mis textos subway. El espejismo de comunicación con el otro y de información sobre lo que sucede en el mundo que parecen granjearnos con facilidad las nuevas tecnologías, es solo eso: un espejismo. La mayoría de las veces mantenemos con el otro anónimo al otro lado de la web un monólogo poco sincero sobre lo que desearíamos ser y no sobre lo que somos en realidad. Un monólogo disfrazado de diálogo en el que el otro anónimo también cae a su vez.  El exceso de datos que recibimos provoca que todos se anulen entre sí, con lo cual se produce un efecto final de desinformación frustrante y no buscada,  a no ser que controlemos y no nos dejemos llevar por el cúmulo de ofertas y tentaciones que nos asaltan.

También la vida cotidiana se ha complicado lo indecible y todos los servicios públicos están perversamente dotados de contestadores digitales que nos enmarañan en un laberinto de trámites cuidadosamente estudiados que no conducen a ninguna parte más que a nuestra desesperación, si caemos en la trampa de creer que sirven para algo. Además, gran parte del trabajo que antes hacían los patronos o los jefes, lo hacen ahora los empleados en sus casas con su ordenador (trámites bancarios, clases online…) prolongando nuestra jornada laboral y haciéndonos más esclavos.  Hace años que hemos dejado de ser CIUDADANOS para ser exclusivamente CLIENTES  a los que saquear. Este es el lado más negro de las nuevas tecnologías.

¿Crees que el siglo XXI es un siglo de incertidumbres? ¿Qué piensas del momento en el mundo del arte y la literatura? Sí, el siglo XXI es la incertidumbre por definición. Creo que el arte verdadero y la literatura que merecen la pena han tenido que replegarse a las catacumbas del anonimato. Quien tenga la perseverancia de practicarlos para crecer espiritual y personalmente sin obsesionarse con el reconocimiento aunque sin desdeñarlo, hará que su vida sea divertida en un sentido profundo, que es de lo que se trata.

-¿Quiénes han sido tus madres/padres literarios? En poesía me fascinan los poetas simbolistas de expresión francesa, como Charles Baudelaire, Sthéphane Mallarmé, Arthur Rimbaud, Paul Verlaine o Valéry, entre otros. El belga Maurice Maeterlinck me apasiona en todas sus creaciones, especialmente en teatro y poesía. Adoro la poesía de Unamuno (su teatro también es imprescindible) y de Antonio Machado (también de Manuel). Me han marcado mucho la fuerza telúrica de César Vallejo y la visión creacionista de Juan Larrea y de Vicente Huidobro. Todos los autores de la Generación  del 27 me parecen indispensables: la obra dramática y poética de Lorca me acompaña siempre,  como las de Alberti y las de Pedro Salinas o la poesía de Vicente Aleixandre o de Luis Cernuda. Max Aub me parece un novelista de primera línea y un dramaturgo excepcional… Como vengo del mundo del teatro, tengo que citar a algunos maestros geniales con los que trabajo todo el rato: Me quedo con William Shakespeare (también John Wenster, otro dramaturgo renacentista inglés y el gran poeta John Donne) y Calderón de la Barca entre los más clásicos. Todo Beckett me parece crucial para entender la fragmentación del hombre contemporáneo y el maestro Harold Pinter es incomparable en su tratamiento del tiempo y la memoria.

Lo siento, no puedo ser breve. Aunque sea un tópico el Quijote me incitó a escribir narrativa. Me han marcado mucho Tólstoi, William Faulkner, Juan Carlos Onetti y James Joyce. El mundo del novelista Patrick Modiano conecta íntimamente conmigo y adoro la narrativa de Amos Oz, especialmente El mismo mar y Judas. Hasta aquí.

-¿A qué autor recomiendas encarecidamente leer? No puedo decantarme por ninguno de los que acabo de citar arriba. A todos ellos.

-La «Generación Subway» aboga por una identidad transeúnte. ¿Cómo definirías este concepto? Es una identidad que se fragua en el viaje y en el desplazamiento en el espacio, en un intento sincero de conocer la otredad sin prejuicios ni complejos. Es una identidad mestiza enemiga del agarrotamiento cultural, que pasa por un conocimiento previo de uno mismo y la previa aceptación de la parte maldita que todos llevamos dentro. Una identidad mudable que brilla en el cambio, que destruye y construye personajes, asumiéndolos con toda sinceridad  según las necesidades vitales de cada momento.

-¿Crees que la incertidumbre política que vive el país le pasa factura también a la cultura? Es sobre todo a la cultura a la que pasa factura la falta de decisiones políticas al respecto, teniendo en cuenta que ha habido un ataque premeditado y muy dirigido contra los artistas y creadores de este país para intentar doblegarnos.

 -¿Qué piensas del IVA cultural, de la piratería, de los derechos de autor y de las subvenciones al sector del libro? El IVA cultural, como digo, es una herramienta para destruir la creación artística, utilizada con toda premeditación. Reducirlo significaría fomentar la lectura y la creación artística en todos sus ámbitos y también revitalizar una industria que en este país podría arrojar buenos dividendos y contribuir al desarrollo económico. Pero este gobierno en funciones está más interesado en lo contrario. Los demás hablan mucho de hacer otra cosa pero hasta que no lleguen al poder, no sabremos cómo piensan de verdad, como en todo lo demás.

El tema de la piratería y de los derechos de autor es muy complejo: creo que se debe garantizar que un autor o artista de cualquier índole pueda vivir de los derechos que genera su obra. Es la única manera de ser independiente de verdad. Pero el concepto de piratería se aplica con demasiada prodigalidad solo a los top-mantas y no a los  empresarios-mafia que los explotan.

-En todas las entrevistas televisivas con nuestros candidatos políticos la cultura ha sido la gran ausente en los temas de conversación, ¿qué le dirías a los distintos representantes de las cuatro fuerzas políticas más importantes del país? ¿Por qué crees que tienen tanto miedo a hablar de cultura en los debates? La mayoría de los candidatos – salvo honrosas excepciones- no tienen un programa cultural coherente que pueda convertirse en política efectiva para incrementar el desarrollo cultural y artístico del ciudadano medio en plena libertad.  Unos porque no están interesados en absoluto en que el ciudadano sea más culto y, por tanto, más libre en su toma de decisiones. Otros porque desconocen el tejido de estructuras obsoletas (instancias educativas básicas que debieran incluir la práctica de la música, de las artes escénicas, de las artes plásticas, de la escritura, como instrumento crucial de aprendizaje; canales de distribución periclitados que no sirven para crear nuevos lectores ni audiencias nuevas…) ni han hecho un análisis exhaustivo de a quién van dirigidas y, por tanto, no sabrían cómo mejorarlas.

Además, el ataque constante y progresivo que ha sufrido la enseñanza pública desde el año 2011 y la proliferación enloquecida de universidades privadas con grados en todo tipo de disciplinas artísticas, resulta revelador de la estupidez galopante que reina en el campo de las enseñanzas artísticas, que debiera ser un pilar fundamental para la reactivación cultural de nuestra sociedad.

En casi todos nuestros políticos detecto una inconfesable desconfianza interesada y paleta ante el mundo de la cultura, entreverada de patológica ignorancia sobre cómo funciona realmente el proceso de iniciación (si por ventura existiera) y disfrute de la música, las artes escénicas, el cine, la literatura y las artes plásticas (con todas las ventajosas herramientas – aquí sí- que las nuevas tecnologías podrían proporcionar en este campo de aprendizaje) en el ciudadano.  Aunque no lo confesarán nunca, la mayoría de nuestros políticos entienden por cultura y arte solo “pan y circo”. Resulta aterrador, insoportable, vomitivo.

-Lánzanos una idea subterránea. Cultiva tu mundo interior. Construye en tu entorno privado tu universo creativo sin estar pendiente de los demás. Serás mucho más feliz.

-Como creador/a, ¿cómo definirías el espacio fronterizo que existe entre la creatividad y el arte? Es muy fino. La creatividad es el motor del proceso pero una pieza se convierte en arte cuando hay una profunda interconexión entre fondo y forma, de volviéndose indiscernibles, provocando una estructura perfecta que es el contenido mismo, lo que se quiere expresar.

-¿A favor o en contra de los premios literarios? A favor, sin que estén dados de antemano.

-¿A favor o en contra de los premios literarios solo para mujeres? No me opongo pero me parece una forma solapada de segregación.

-¿A favor o en contra de la RAE? A favor.

-¿A favor o en contra del masculino genérico? ¿Por qué? No estoy en contra de la utilización del masculino genérico, siempre y cuando no se convierta en obligación ni se tache de incorrección si no se utiliza. Cada uno debe utilizarlo o no según sus convicciones. El lenguaje delata la mentalidad del hablante y debe utilizarse en plena libertad. Porque ya sabemos que por la boca muere el pez.

-¿Crees que la lengua española es machista? Claro que no. No creo que haya ninguna lengua que lo sea. Como decía, el machismo siempre está en el hablante (en su mentalidad) y en la configuración concreta que la lengua adquiere en sus labios.

-¿A favor o en contra de Facebook y otras redes sociales como herramienta de promoción? A favor

-¿Qué le dirías a un escritor para animarle a ser «Subway»? Prueba y te engancharás.

 

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