Revista Digital Playa de Ákaba

Para llegar a la playa de Ákaba hay que cruzar el desierto, para publicar en Playa de Ákaba solo hay que tener talento

Entrevista a Eduardo S. Aznar, autor de ‘El manipulador de sueños’

“Las dictaduras o los totalitarismos más peligrosos son aquellos que no se detectan y que no son tan evidentes, que van socavando poco a poco la identidad y la sustantividad del individuo para anestesiarlo de una forma definitiva”


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Eduardo S. Aznar en la Librería Lé

Eduardo Sánchez Aznar (Madrid, 1970), jurista, es uno de los escritores que ha publicado sus obras en varias antologías de la editorial Playa de Ákaba. El jueves 28/04/2016 a las 19.00 horas presenta su novela ‘El manipulador de sueños’ en una doble presentación que tendrá lugar en la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías (Parque del Retiro, Madrid), junto a Isabel del Río Villar, autora del libro de relatos cortos ‘Devuelva este libro antes de la última fecha anotada’. En esta entrevista habla en profundidad de la novela, de sus símbolos, de sueños atrapados por el control del totalitarismo, de las ansias de libertad, de la deshumanización…

¿Cuál es el argumento principal de tu novela ‘El manipulador de sueños’?

El protagonista (Fernando) es un médico de sueños, es un profesional que se dedica a programar sueños a medida en un futuro no demasiado lejano, (la novela) se proyecta en 40 años hacia delante, y es el intento, prácticamente consumado, del sistema de controlar el último reducto del pensamiento libre. Porque en este futuro no muy lejano toda forma de comunicación e intercambio de información (la televisión, los modos de conocimiento, Internet, etc.), está controlada por un entramado semi-público y semi-privado porque responde a unos intereses de un oligopolio de cuatro o cinco propietarios.

La historia es la del protagonista, que se dedica a administrar, a programar estos sueños en todos aquellos que lo solicitan y cómo tiene sus dudas, cómo se enfrenta a ellas… y ese es el punto de conflicto a partir del cual arranca la historia.

El protagonista es Fernando y la novela comienza con él teniendo una pesadilla en una casa. Es una de esas pesadillas recurrentes, que todos tenemos. Cuando despierta, lo hace asustado, pero contento porque al día siguiente se va a someter a este tratamiento de sueños a la carta. ¿De qué manera se suministran estos sueños a la carta?

Bueno, digamos que el aparataje tecnológico con el que se inoculan los sueños es una proteína que se inyecta con un catéter, una de las formas de administrar el tratamiento a los enfermos de Alzheimer. Entonces, se inyecta esta proteína; se inoculan también, mediante nanotecnología, unos neurotransmisores por medio de unos emisores en una pantalla. Se activan determinadas señales eléctricas que interactúan con esa proteína y entonces es así como se manipula el sueño para que no se salga de unos patrones establecidos que, básicamente, son determinadas formas de ocio y de evasión, controlando que los sueños no puedan ser espontáneos ni nada desagradables, nada peligroso, nada que desoriente al individuo.

¿Por qué el sistema de esta sociedad que has creado siente esta necesidad de controlar los sueños de las personas y hacer que no puedan soñar de forma espontánea?

Porque en los sueños, como sabemos, siempre hay una parte del subsconsciente que proyecta deseos, pero también frustraciones. Es también un depósito último de la identidad. Entonces, al sistema le conviene unificar esa identidad en un sujeto-paciente que no se rebele y actúe según sus directrices. Y que sea plenamente feliz. Y para ello se debe olvidar cualquier parte de la identidad que pueda resultar incómoda, que pueda resultar desagradable, como la familia, la muerte, la frustración, etc..

Uno de los motivos por el que este sistema, el FG, transmite esta inoculación a través del catéter para controlar los sueños es la excusa de que beneficia a la salud, ya que se eliminan las pesadillas y el malestar. ¿En qué te has basado para elaborar esta trama en la que el sistema controla hasta los sueños, pero haciendo ver que es bueno porque se evita que el ciudadano enferme?

Bueno, a mí me gusta mucho la literatura distópica. Una de las obras que más me han impactado en este sentido es ‘1984’ porque presenta una escena completamente brutal. Una frase de uno de los protagonistas dice ‘Si tuviéramos que definirnos como sistema sería una bota aplastando un cráneo humano incesantemente’. Yo creo, de todas maneras, que las dictaduras o los totalitarismos más peligrosos son aquellos que no se detectan y que no son tan evidentes, que van socavando poco a poco la identidad y la sustantividad del individuo para anestesiarlo de una forma definitiva. Y esa es la manera con la que se consigue uniformar, digamos, a la sociedad de la manera más efectiva.

El recurso a la salud está también en muchos totalitarismos que se preocupan por tener siempre individuos sanos y felices. Y en este caso, además, es una proyección. Como toda distopía, es una proyección del mundo en el que el autor vive y yo es lo que detecto, en algunas series y publicidad de gran consumo: esa necesidad o esa intención más bien de eliminar el dolor, el remordimiento, la culpa e incluso la responsabilidad, ¿no?. Y esa es la proyección que hago en la novela con este recurso a la salud por parte del sistema.

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Eduardo S. Aznar, Rosario Curiel (izquierda) y Noemí Trujillo (derecha) en la Librería Lé

Es una novela distópica que se basa en una progresión del presente hasta un futuro que imaginas y a lo largo de la novela aparece que el origen de una gran Guerra Coral que da como resultado este sistema es la Gran Crisis del año 8. ¿De qué manera esta crisis actual que estamos viviendo te ha servido para imaginar una guerra coral y luego un posterior Estado totalitario?

La novela, desde luego, es hija del tiempo en el que se escribió. Yo empecé a esbozar esta novela y a escribir las primeras páginas en 2011, cuando estábamos, por lo menos en España, en las horas más bajas de la crisis. No es que ahora estemos, ni mucho menos, en horas altas, pero entonces estábamos al borde del rescate, cuando Grecia caía en picado, cuando había muchas dudas de si la Reserva Federal en Estados Unidos podría reaccionar…

El recurso a la guerra, pues esperemos que no tengamos que verlo. Yo lo que sí veo, lo que sigo viendo hoy en día y veía entonces, es que no parece que haya mejores soluciones que seguir incentivando el crecimiento, que seguir incentivando la competencia, etc.. En el fondo, en la novela tampoco está bien esbozado si (la guerra coral) es un conflicto bélico a gran escala o más bien es un conflicto comercial con, evidentemente, escaramuzas bélicas y tecnológicas, que da como resultado un oligopolio en el que se citan los nombres de cuatro grandes colosos.

Sinceramente, no creo y no deseo que el mundo evolucione así, pero es una de las posibilidades y la que a mí me ha parecido más simbólica de hacia dónde va ahora mismo la economía y el mundo en general.

Esta novela plantea un sistema totalitario en el que los ciudadanos tienen que asistir a mítines políticos que no son como en la actualidad, sino que se llega a la política espectáculo en la que los candidatos bailan en plataformas. ¿Por qué introducir este carácter de espectáculo en lugar de una apariencia más férrea y totalitaria?

Es por lo que te he dicho: yo creo que lo más peligroso del totalitarismo es la cara bella y la cara fácil que elimina por sí sola toda posibilidad de resistencia, más que un dominio férreo. Todas las dictaduras, todos los sistemas totalitarios, antes o después han caído. Yo pienso que caerán los que quedan, pienso que algún día en Corea del Norte dejará de existir la dictadura.

Pero, sin embargo, cuando no la política espectáculo, sino cuando la dominación no se palpa y no se sufre, es mucho más efectiva. Por lo demás, la escena del mitin -que siempre es voluntario, es incentivado o desincentivado ir a un mitin, pero la presencia no dejar de ser voluntaria- es hija de la propia experiencia del autor y lo que estoy viendo últimamente me ha llevado a esa ridiculización. Por un lado bailan, por otro lado parece que todos dicen lo mismo… Es una lupa quizás un poco deformante sobre la realidad que hay ahora.

Todo sistema tiene su enemigo, sea mejor o peor, una democracia o una dictadura… Siempre hay grupos revolucionarios que quieren derrocar al poder. ¿Cuál es el grupo que en esta novela intenta acabar con el sistema? Háblanos de la REM.

La REM es el acrónimo de Rebelión en Marcha y también es un juego de palabras con la fase REM, la fase profunda del sueño, en la que se supone, depende de qué estudios sigas, que se generan los sueños más espontáneos y más libres. Esta es una rebelión que pretende acabar desde abajo y dentro del sistema y para eso captan, en principio, a Fernando, porque saben que él, en su momento, tuvo cierta implicación en una investigación que podría haber alterado el buen funcionamiento, entre comillas, del programa de sueños.

Rescato, entre otras frases de la novela, una: “Vivir para trabajar, trabajar para gastar, gastar para vivir”. Ese es el modo de vida de este futuro. ¿Hacia eso crees que nos encaminamos, cómo te has inspirado en el presente para crear un lema de vida tan frustrante y que asusta?

Bueno, yo ahora mismo me he comprado un coche y, lógicamente, he estado viendo varias marcas, ofertas, etc.. Y me llama la atención que te hacían un descuento si financiabas la compra del coche, de manera que, evidentemente, al final acababas pagando más, pero con esa condición. Entonces, no sé si eso tiene mucho sentido, no sé si tiene sentido para el fabricante, no sé si tiene sentido para el usuario… desde luego sí tiene bastante para el banco.

Es un ejemplo, pero todo el mundo andamos metidos en hipotecas. En la generación de mis padres, naturalmente que existían los créditos hipotecarios, pero tenían una vida conocida, un principio y un fin. Ahora no, ahora vamos empalmando unas hipotecas con otras, siempre estamos debiendo algo y, por supuesto, así nos garantizamos a nosotros mismos.

Porque en el fondo, en la novela, aunque sí hay alguna escena donde se ve algo de coacción y violencia, todo se plantea como voluntario. Es decir, de momento en nuestro sistema también es así: nadie te obliga a contratar una hipoteca, nadie todavía a comprar un piso más grande cuando todavía no has pagado el pequeño, nadie te obliga a nada de eso. Pero el caso es que así lo vas haciendo. La peor amenaza para la jubilación no son los recortes ni alargar los años, la peor amenaza es que no dejes de pagar lo que tienes pendiente y por eso tienes que alargar la edad de trabajo.

El de la novela es un mundo en el que todos los movimientos de los ciudadanos están controlados. Sí da la sensación de que hay voluntariedad y libertad movimientos. Están vigilados, pero con cierto margen de libertad. Y el personaje principal, y todos, se mueven en círculos de conocidos muy reducidos, los encuentros son esporádicos, no hay relaciones profundas, hasta el punto de que ya no se siente placer ni con aquello con lo que en el pasado sí se ha sentido, como en las relaciones sexuales. ¿Crees que el ser humano está yendo hacia un mundo en el que dejamos de disfrutar de los placeres básicos?

Tanto como dejar de disfrutar del sexo, pues esperemos que no, pero sí que hay una manera distinta de empezar a vivir el sexo priorizando los muchos contactos y las relaciones más o menos esporádicas en favor de la prisa, del vértigo y de la multiplicidad de relaciones. Esto empieza desde las redes sociales, hay muchas redes sociales que son exclusivamente de contactos y, al menos sobre el plano, lo que se plantea es un escenario de relaciones casi sin fin.

Uno puede tener 18, 20 contactos e, insisto, de momento sobre el plano, esa es la manera, parece, de llevar las relaciones humanas y sexuales, que no deja de ser una parte importante, muy divertida y muy placentera, pero que debe darse entre humanos y no entre máquinas.

Dentro de este círculo reducido de personas con las que se relaciona Fernando está Lily, una chica que no es lo que parece. Y en esta distopía Fernando le llega a decir a Lily que no lea en público porque se va a meter en problemas. ¿Qué papel tiene la literatura en esta distopía?

La literatura aparece, junto a otras actividades de intercambio de conocimiento, de fomento de la cultura, de expresión artística… como lo que llamo en la novela desincentivado. Todo el sistema se basa en que hay unas actividades que están incentivadas y que te generan más crédito disponible, porque en el fondo no es renta, sino crédito. O, por el contrario, están desincentivadas, como la literatura, la música, etc., y entonces el individuo pierde crédito disponible. Que, de todas maneras, está enganchado a él, es lo que le permite gastar en consumos más etéreos y plásticos, como el sexo rápido, los videojuegos multidimensionales, fiestas o veladas de más de 24 horas en centros comerciales…

Hay una distinción entre la música para escuchar a solas, que está desincentivada, y la música que se puede escuchar en los centros comerciales o en las fiestas colectivas. Y la lectura tiene ese papel de refugio de los “disidentes”, de los rebeldes, de los que Lily es la máxima expresión.

GENERACION SUBWAY FOTO Eduardo S Aznar2¿Qué papel tiene en la novela la canción ‘The Trooper’, de Iron Maiden, que es uno de los iconos culturales desincentivados, como la poesía de Lorca, la filosofía de Nietzsche…?

‘The Trooper’ es una canción de Iron Maiden del año 1983. Tanto por el tipo de música que es como por la época, en este futuro planteado está fuertemente desincentivada. ‘The Trooper’ es la visión de Iron Maiden de un episodio bélico del ejército inglés en la Guerra de Crimea (1853-1856). Cuenta la historia de la carga da la brigada ligera en Balaclava. Y la versión que da Iron Maiden es la historia, las sensaciones que tiene uno de los soldados de caballería desde antes de la carga hasta que muere en el campo de batalla.

Y aparte de esa configuración como elemento desestabilizador y rebelde, es un poco el símbolo del protagonista. ‘The Trooper’ es un soldado que no puede renunciar a su destino y debe afrontar lo que parece una muerte cierta. La letra de la canción es sobre enfrentar el miedo. Y es un poco también el late motiv de la novela, por eso aparecen varias referencias al ‘trooper’ y Fernando termina uniéndose a la carga de los soldados de la brigada ligera.

En esta novela, al final, hay un glosario con una serie de términos que ayudan a entenderla. Uno de ellos es el de los ‘errados’. ¿Qué son y cuál es su papel en la novela?

Los errados son los desviados del sistema, son los que adoptan decisiones que el sistema considera equivocadas y el sistema, que se configura siempre como benéfico y protector, pues ofrece una posibilidad de enmienda. Pero sólo una. Entonces, siempre ofrecen una salida sin obligar al errado a rectificar. El errado puede rectificar conforme al sistema o no hacerlo y entonces se convierte en una ciudadanos de segunda clase, en un no ciudadano. O bien puede intentar una vía intermedia que, en el fondo, lleva siempre a la salida del sistema.

En ‘El manipulador de sueños’ los protagonistas son mayoritariamente adultos de mediana edad. ¿Qué pasa con los ancianos en este futuro? Porque al inicio de la novela hay un anciano (el ciudadano Romero) al que le ocurre lo mismo que a muchas personas en la actualidad con las nuevas tecnologías: no se adapta.

Bueno, en los ancianos sí que se ve bien. Básicamente, como el resto de ciudadanos: si se adaptan, pues perfecto y si no, van a parar a clínicas especiales donde pasan sus últimos días. Es, en realidad, una caricatura, un esperpento de algunas residencias o modos de tratar o hacer frente al final de la vida de los mayores de hoy en día, donde se les concentra en residencias apartadas.

El personaje que comentas también tiene su importancia porque es un errado, un disidente. Pero, en general, la vida de los mayores es una especie de ostracismo sanitario apartándolos del sistema.

¿Y qué sucede con los niños y los jóvenes?

Bueno, se supone que después de la Guerra Coral y de ciertas formas de reordenación familiar, los niños, a partir de la Primaria, son acogidos en una institución de enseñanza uniforme para todas las áreas geográficas del sistema que se llama la NeoAcademia. Y allí reciben una única educación, de acuerdo con los programas del sistema, y son evaluados sin son aptos para estar en el ciclo superior de estudios, lo que sería la universidad, y si no pasan al mundo laboral, según se determine.

La educación en este mundo se hace más en esta NeoAcademia que en la vida familiar. También es, quizás, una exageración o un esperpento. Yo, que no tengo hijos, tampoco puedo culpabilizar a nadie, pero veo que se abandona mucho la educación en manos de la escuela, cuando en realidad los niños con quien deben pasar más tiempo es con su familia, con sus amigos, interactuar… y no limitarse a cumplir el programa escolar y luego miles de actividades extraescolares como sin con eso bastara para crecer, para formarse, para ser un adulto.

Una de las protagonistas, Laura, trabaja en una tienda en la que vende productos como olores y los vende para recordar los tiempos del pasado. En una escena, le vende a Fernando el olor a la Navidad. ¿Qué papel juegan los sentidos como el olor en tu distopía?

Yo creo que el olfato es el sentido más evocador de todos los que tenemos porque cuando uno recuerda un olor, la reacción que se establece es inequívoca con la memoria. La vista… pues todos recordamos paisajes o rostros de la niñez, pero normalmente han sido pasados por un filtro. Lo mismo puede pasar con el oído, la música, muchas veces de haberla oído tanto, no tiene ese potencial tan sugestivo y tan profundo como tienen los olores.

Es a través de los olores como Laura va recuperando a Fernando: por los olores de su infancia, por los olores de su familia, incluso por los olores más íntimos y personales, que le despiertan distintos sentimientos, para que al final pueda afrontar su camino.

Para terminar: ¿qué papel juega la estación de Metro de Chamberí en tu novela? Quien lea tu entrevista Subway verá que la fotografía es una tuya con el logotipo del Metro de Chamberí detrás, lugar en el que se hace precisamente la fotografía que el anciano le entrega a Fernando al inicio de la novela diciéndole que en la foto está con su mujer.

Mis padres vivían en Pacífico y mis abuelos en Estrecho (línea 1 del Metro de Madrid). Entonces, cuando íbamos a verlos siempre teníamos que pasar por lo que entonces era la estación abandonada de Chamberí, que estuvo cerrada muchos años, estaba en ruinas, era una estación fantasma. Siempre le decía a mi madre que me avisara cuando llegásemos a la estación abandonada.

Siempre me producía una sensación como de desamparo y de soledad. Eso es lo que representa en la novela. Y, personalmente, es un sentimiento de nostalgia de aquella visión que tenía cuando era niño. Esos dos sentimientos, la soledad y el desamparo con la nostalgia, se juntan en este persona (el ciudadano Romero) que se siente viejo, se siente abandonado, pero al mismo tiempo le gusta recordar, le gusta volver a vivir aquellos tiempos.

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