Revista Digital Playa de Ákaba

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Reseña del poemario ‘Algodón de azúcar y jazz’, por María del Pilar Gorricho

cubiertalibroAlgodón de azúcar y jazz.

Maquetación: Editura agol, 2016

ISBN 978-606-8715-02-5

821.135.1-1=134.2

Impresión: SC Mega print, SRL


Janina Sfetcu (Rumania, 1976) es una poeta de una sensibilidad inusitada que ha editado un poemario en rumano que lleva por título  «În mijlocul unui ţipăt» (en medio de un grito) de Editorial Agol, así como participado en diversas antologías en su país como son Vise târzii (Ed. Dandes Press) y  Preludii pentru fluturi (Ed. Art Creativ). Es miembro del colectivo artístico  «El hombre que fue jueves» y participa en recitales poéticos y actividades artísticas asiduamente.

Ha publicado en 2016 el que de momento es su último trabajo, Algodón de azúcar y jazz, sin duda un sugerente título que nos abre un infinito de posibilidades. Con ilustración de portada de Víctor del Río, prólogo a cargo de la poeta  Sonia San Román y correcciones de Jesús Ruiz Álvarez y Txisco Mandoman quien así mismo se ocupa de la contraportada.


janitasfetcu

Me adentro en el universo poético de Sfetcu como ella recomendó en su presentación del día 12 de marzo en la capital logroñesa: «Imaginad un algodón de azúcar, y acompañadme en este viaje». Ese viaje, donde muestra su modo de ver, de vivir, de sentir sobre la dulzura y el desamparo, las ansias de expandirse.

Algodón de azúcar como símbolo de la dulzura y lo interminable y grande que puede resultar a menudo degustar la vida en toda su extensión y el saxo que acompaña su poemas en melodía silente de nostalgia y recuerdos.

La cita con la que comienza esta incursión por la emoción poética de altura es: «El alma libre es rara, pero la identificas fácil cuando la ves» (Charles Bukowsky). Y acierta de pleno esta introducción al bucear el alma de Sfetu a través de su poesía, un alma libre de condicionantes, siempre en busca de aquello que transciende.

En versos concisos e intimistas a la par que líricos, donde demuestra una habilidad innata para hacer del verso divinidad,  Sfectu divide el poemario en dos partes; a las que a su vez anteceden citas de Alejandro Jodorowsky;  «la poesía es solo amor, transgrede las prohibiciones y se atreve a mirar de frente a lo invisible.» y en la segunda parte Alejandra Pizarnik: «La noche tiene forma de grito  de lobo».

De ahí que en esta primera parte de Algodón de azúcar y jazz Sfectu se adentre de lleno en la invisibilidad del ser en su primigenia:

Me acosté al lado de tu sombra

y vi que el espacio vacío, que había

entre el espacio y mi mirada

era inmenso para un mundo tan pequeño.

Anhelos superpuestos, el futuro en cada poro del instante como acicate a ese presente en el que Sfectu confiesa: «Me temo que lo sustancial ya no tiene esencia,/ que los caminos que anduvimos huelan a pólvora, a fosas comunes>>.

Con unas estrofas casi diría que metafísicas, y su remembranza y nostalgia de su tierra, Sfectu disecciona el ser y se cuestiona; no se queda en la superficie, tiene ansias infinitas de conocer, de conocerse a través de su poesía la que utiliza casi como una terapia contra su dolor, en ese frío invernal sin duda recuerdo de su Rumania natal, que se convierte en frío del alma; en suspiro, en emoción poética sublime y libre de prejuicios donde analiza sin condicionantes su mundo en un amalgama de tropos poéticos donde predominan las imágenes sensoriales:

Huele a casas vacías (…) El otoño sabe a ti (…) Persiste el olor asentado estratégica mente en el rostro (…)

El apóstrofe cobra una vigencia absoluta en la segunda parte del poemario:

Mis páginas no escritas podrían emprender el vuelo hasta el más oscuro lado tuyo (…)

que concluye con un verso especialmente hermoso:

Me arrodillo ante el lienzo de tu vida.

Yo también, y espero las sucesivas presentaciones que la poeta tiene previstas y sin duda alguna recomiendo este poemario para los amantes de la buena poesía.

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