Revista Digital Playa de Ákaba

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Entrevista a Sergio Arrieta, autor de ‘La muerte alucinante de Lautréamont’

 

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Sergio Arrieta con la escritora y editora Mariángeles Fernández

-¿Por qué ha elegido al conde de Lautréamont, como principal protagonista de su novela?

Es curioso, porque el otro protagonista principal (el que no lleva nombre), le hace esta misma pregunta, si bien al revés: “¿Por qué yo?”, le pregunta y el conde le contesta: “Querrás preguntar, mal poeta, ¿por qué yo, Lautréamont?” Aunque parezca extraño y sobrenatural, al igual que mi protagonista, me sentí obligado a escribir esta novela sobre ese poeta maldito. Cualquiera que la lea, entenderá perfectamente el porqué.

-En esta novela, hay pasajes con los que el lector pasa un poco de miedo. También tenemos a un hilarante comisario de policía y su equipo, e historias de amor que se cruzan. ¿A qué género pertenece su libro?

Es un híbrido, entre policíaco, novela de terror o gótica, de entretenimiento (porque ya me han dicho que es difícil que se te caiga de las manos), con reflexiones que tienen que ver con la psicología, momentos eróticos y datos históricos. Es el famoso cajón de sastre al que se refería a menudo Cela.

-Al leerla, he advertido unos paralelismos o mejor dicho unas simetrías. Por ejemplo consta de dos tipos de humores: el dicharachero del comisario y el inquietante de Lautréamont. Luego hay dos mujeres extrañas: Cynthia la muerta y la muy viva Solange; Madrid y París, el lector madrileño y el verdadero lector del libro…

¡Bien visto! Efectivamente, me encantan esos juegos de espejos en una novela. Incluso hay en ella una reflexión sobre la ficción y la realidad, lo vivido y lo soñado, el Bien y el Mal. Las dualidades le sientan perfectamente a la literatura, y nos ayudan a entender nuestras propias contradicciones.

-Es un texto con un estilo literario, que estimula bastante al lector exigente. Aún así, es curioso porque lo ha escrito de una manera comprensible… ¿Cuál es su metodología respecto de la escritura?

Para mí, un estilo brillante no es forzosamente hermético. Siempre debe respetar la comprensión lectora, lo cual no quiere decir que al lector, hay que mascarle la lectura o dicho de otro modo, siempre ponérsela fácil. El término medio es, como en muchos casos, el mejor camino. Así que “La muerte alucinante de Lautréamont” no es ni un texto hermético para iniciados, ni un libro para colegiales de primaria.

13-Sin embargo, hoy en día, triunfan novelas escritas con un estilo minimalista.

Hay de todo, como en botica. Existen lectores muy poco exigentes, que no quieren gastar ni una neurona para entender una historia, y luego hay lectores que buscan libros como el El péndulo de Foucault. También hay obras sencillas que se venden mal. Si hubiera una receta para fabricar best-sellers, las editoriales que están a punto de cerrar la aplicarían, pero ese es un secreto bien guardado por el universo.

-Usted es bilingüe, como lo era Lautréamont. De hecho, empezó publicando en su otra lengua materna: el francés. ¿Cómo cohabitan en su cabeza esas dos lenguas?

Perfectamente. De hecho a menudo dialogan entre sí y se enriquecen mutuamente. Y ello desde mi más tierna infancia. Fíjese, cuando era pequeño, leí el primer libro de Julio Verne en español y una edición infantil del Quijote en francés (todavía conservo este libro). Para mí, estas dos lenguas son casi una.

-Volviendo a su novela: ¿por qué ha elegido este título: La muerte alucinante de Lautréamont? ¿Tiene algo que ver con alguna parte del libro, o con toda la historia?

Pues efectivamente, tiene que ver con el final del mismo, aunque tampoco quiero destripar la historia. Básicamente, el fantasma de Lautréamont ha estado buscando un escritor, para formarlo como poeta maldito y obligarle a escribir este mismo libro. Hasta dar con mi protagonista, siempre había fracasado y nadie sabe qué fue de los anteriores escritores.

-Sí, pero no acabo de entender el porqué del título.

A eso voy. Este libro, tiene que ver con la muerte de Lautréamont y los 4 elementos. Cuando él se hace con el alma de mi escritor, la arrastra al pasado, o sea al fuego de la guerra, pasando por el agua de las alcantarillas de París y la tierra de las Catacumbas. Lo siento, no le puedo revelar al lector nada más, salvo que el último tramo se corresponde con el elemento “aire”.

-Antes, se me ha olvidado nombrar otro personaje muy importante en su novela: la Muerte. No solamente personificada por la impresionante Cynthia, sino también como  tal. Quiero decir que aparece o es nombrada bajo formas distintas a lo largo de la narración.

Sí, en efecto. Ese personaje al que todos conoceremos (o quizá ya hemos conocido) algún día o noche, serpentea por la novela. Lautréamont ha vuelto de ella, aunque obviamente, no bajo la misma forma. Pero es él. Más tenebroso y profundo si cabe. De ahí que lo que emana de él, sea más la muerte que la vida, si bien nos transmite unas enseñanzas sobre la existencia que pueden ser muy valiosas para nuestro día a día.

-Hay un leitmotiv en el libro, que podría ser la lucidez. ¿Por qué le da el autor tanta importancia?

Creo que vivimos una época demasiado politizada, a la que está retornando el fanatismo, y el pensamiento único. Yo soy un defensor absoluto del librepensamiento y también Lautréamont lo era. Sus Cantos fueron un canto y valga la redundancia, a la libertad del pensamiento y del arte en general.

dscn21781-Pero la libertad de expresión absoluta es un poco peligrosa, ¿no cree?

Bueno, no hay que confundirla con la de calumniar o insultar. Son dos conceptos distintos y estos últimos ya están tipificados por la ley. Yo hablo de la libertad de expresar opiniones contrarias incluso a la mayoría. No recuerdo quién dijo: “Cuando todo el mundo piensa lo mismo, es que nadie piensa.”

-¿Usted es simpatizante o está afiliado a algún partido político?

Como persona, evidentemente, tengo mis ideales, sobre todo sociales y humanistas. Pero como autor, ni simpatizo, ni milito. Creo que el intelectual debe denunciar en sus obras la injusticia, provenga de donde provenga, y no ser el amigo de ningún político.

-Algunos dirían que de este modo, usted no “se moja” y se escuda detrás de la “equidistancia”.

Todo lo contrario. No pertenecer a ninguna secta ideológica, te da cierta libertad de movimiento y pensamiento, pero también te hace más vulnerable bajo la intemperie. Porque no tienes ningún techo bajo el que cobijarte.

-¿Y eso es molesto o peligroso, para un librepensador?

Es el precio que ha de pagar. Tal y como reza un dicho chino: “El que gana algo, pierde algo.” Está claro que tienes que crear sin red, pero por lo menos, nadie te atrapa en la suya.

-¿En qué género literario se siente más cómodo? ¿Escribiendo prosa, poesía?

Empecé a escribir con 13 o 14 años. Mi primer impulso literario fue un poema, pero en el mismo mes, ya estaba escribiendo un relato corto. Me siento como pez en el agua en ambos géneros.

-¿Y los alterna de una manera constante?

Sí, efectivamente. Además, necesito escribir en ambos géneros, para mantener mi estilo en forma. Para mí, la escritura es como una respiración, que necesita de la contracción poética y de la expansión de la prosa. Contracción, expansión: he aquí una respiración, lo cual tiene mucho que ver con la inspiración, ha, ha.

-¿La inspiración existe?

¡Por supuesto! Lo que pasa es que es imposible escribir una novela solamente cuando estás inspirado. Redactarías 1 página al mes. En cambio, la poesía es otra cosa. Si no estás inspirado, no te metas con ella. Sería como hacer el amor sin ganas.

-¿Algún proyecto en su escritorio?

Mi próximo libro será erótico y didáctico a la vez. Lo dejo así.

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