Revista Digital Playa de Ákaba

Para llegar a la playa de Ákaba hay que cruzar el desierto, para publicar en Playa de Ákaba solo hay que tener talento

Making of del libro de relatos ‘Alma de duende’

Texto escrito por el autor; ‘Alma de duende‘ está a la venta en la web literaria Espacio Ulises


 

cubierta de la novela Alma de duende

Cubierta de ‘Alma de duende’ (Playa de Ákaba, 2017. Colección ‘La historia que contamos’)

Siempre he sido un acérrimo defensor del libre albedrío. No creo en el destino ni en herméticos senderos celestiales que nos guían como a marionetas de trapo. Ni lo creo ni lo deseo, dicho sea de paso. Me gusta pensar que soy dueño de mis actos, que puedo felicitarme por mis logros y fustigarme por mis fracasos.

El último año de mi vida, sin embargo, me ha hecho dudar. Los acontecimientos han sido tantos, tan repentinos y positivos que han resquebrajado los cimientos sobre los que basaba mi filosofía vital, y temo despertarme y darme de bruces contra el suelo.

Hoy me encuentro, por tanto, en medio de una lucha interna cuyo final presiento cercano.

El caso es que llevaba muchos años sin escribir, más de diez, que se dice pronto. Imaginaos diez largos años sin practicar vuestra actividad favorita (sí, el sexo puede ser un buen ejemplo) ¿Angustioso, verdad? Supongo que el trabajo, los niños, la caótica rutina de un padre de familia me habían apartado de mi sueño, pero la llama seguía ahí, latente en lo más profundo de mi ser, esperando a que alguien acercara una accidental chispa.

Y así sucedió. Fue en agosto del año pasado. Un tipo se me acerca en la piscina y comenzamos a hablar. He de reconocer que me cayó en gracia desde el primer instante, y no tardé en comprender que si existen las almas gemelas, había encontrado la mía. Era un apasionado de la vida, adoraba la literatura, el cine, practicaba deporte con regularidad y, además, había publicado una novela. Miel sobre hojuelas, pensé, este tío merece la pena.

Una mañana de tantas, mientras vigilábamos a nuestros hijos en la piscina, me habló de un concurso de relatos cortos en el que estaba trabajando. Me animó a participar, pero lo descarté con un “no” rotundo.

−Llevo más de diez años sin escribir –le dije convencido de mis palabras−. No podría hacerlo aunque quisiera.

Ahí quedó el tema… hasta que llegó la noche.

No pude conciliar el sueño. Mi cuerpo ardía confuso en un mar de lava y mi mente no paraba de bombardearme con antiguas fantasías de juventud, con historias que se ajustaban a los requisitos del concurso. Serían las cuatro de la mañana cuando decidí levantarme. Encendí el ordenador portátil y escribí uno de mis mejores relatos cortos. “Canta” narraba la historia de un niño autista que veía música en las estrellas.

No recuerdo otra noche igual, cargado de inspiración, con lágrimas en los ojos y mis manos aporreando con fruición las teclas de un ordenador poco acostumbrado. Para cuando mi mujer y mis hijos se levantaron, ya lo había escrito, revisado y enviado a “Espacio Ulises”, una página web dedicada al mundo del relato que después se convertiría en mi fiel compañera de viaje. El escrito en cuestión no fue el ganador del concurso, pero tuvo una buena acogida, y formó parte de la antología Ulises en la isla de Wight.

Desde entonces no ha pasado un solo día en el que no haya escrito algo.

A Iván Sabau, mi amigo de la piscina, y a Pachi Fernández, creador de “Espacio Ulises”, mil gracias. Sin ellos nada de esto hubiera sucedido.

A partir de ese momento escribí varios relatos cortos, de cinco o seis páginas cada uno, y recobré la soltura de antaño. Las reseñas de Josefina Llorente acerca de mis publicaciones enarbolaron mi ego, y me ayudaron en confiar un poco más en mí. Siempre estará presente en mis pensamientos, en mis recuerdos de cómo empezó todo, en mis agradecimientos más íntimos.

Después vino mi séptimo relato, “Casi nada”, y con él todo cambió. Necesité treinta páginas para terminarlo, y recuerdo que me sentí invadido por un agradable sentimiento de plenitud, como si hubiera escrito una novela en miniatura. Las redes sociales avalaron mi percepción sobre la obra. Recibí tantos elogios, tantas felicitaciones y muestras de cariño que me sentí desbordado. De hecho, al día siguiente de su publicación, una actriz me llamó por teléfono y me pidió permiso para rodar un cortometraje basado en mi relato. ¿Os imagináis? ¿Apenas cinco meses después de mi primer relato? Por desgracia el proyecto cayó en saco roto, pero no pierdo la esperanza. Siempre he sabido que el cine ha sido mi mentor, me ha influido tanto o más que las grandes obras de la literatura universal. Por eso seguiré esperando a que alguien de ese mundo llame a mi puerta.

En ese punto comprendí que los relatos largos eran lo mío. Me permitían contar historias más elaboradas, con más personajes y con una trama compleja y cuidada. Los dos siguientes los colgué en “Espacio Ulises”, pero fueron los últimos. La idea de publicar un libro con varios relatos largos rondaba ya por mi mente, y decidí que tenía que reservar los mejores si quería vender suficientes ejemplares. Fue una decisión difícil, no voy a negarlo, porque estaba acostumbrado al reconocimiento inmediato, pero había que ser consecuente: nadie compraría el libro si ya había leído los relatos.

Pocas semanas después, fue el propio Pachi Fernández, creador de “Espacio Ulises”, quien me planteó la posibilidad de publicar un libro. Me pidió permiso para enseñar mis relatos a “Playa de Ákaba”, la editorial a la que tanto debo, y de nuevo como protagonista de un sueño del que no quiero despertar me aseguró que veía el proyecto con bastantes posibilidades. Acepté encantado: la idea de recorrer editoriales con mi manuscrito bajo el brazo me abrumaba. Cuando uno recibe varias pataditas en el trasero resulta complicado mantener la autoestima, y ese es el talón de Aquiles de muchos creadores. No me apetecía comprobar mi capacidad para tolerar negativas.

Y no tuve que hacerlo. La editorial, contra todo pronóstico, accedió a publicar mis seis relatos dentro de una colección titulada “La historia que contamos”. Aprovecho la ocasión para agradecer a Noemí Trujillo la confianza y el saber hacer que ha demostrado en todo momento. Espero que la colaboración se mantenga en el tiempo.

Así pues, apenas nueve meses después de que todo comenzara, os presento a mis niños, a mis obras escogidas, las primeras pinceladas que describen mi mundo.

Espero que no sean las últimas.

  • Casi nada

Un anciano en la puerta de una residencia es el punto de partida del primer relato. Una idea simple, una circunstancia cotidiana y que ya vemos como parte del ciclo de la vida.

Un anciano que amó a su mujer durante cincuenta largos años, que se apoyó en ella en los momentos más difíciles de la vida y que, tras su muerte, camina a la deriva por las turbulentas aguas de la decrepitud.

¿Solo resta esperar a la muerte? ¿Tan cruel es el destino? ¿Mirar por una ventana mientras revivimos el pasado una y otra vez? No, rotundamente no. Me niego a creerlo. No mientras queden fuerzas para apoyarse en el bastón, para caminar un paso más cada día y alejarnos de la autocompasión.

De esa idea nació Fermín, nuestro protagonista. Sentado en su silla de ruedas frente a esa ventana tras la cual nunca sucedía nada, esperaba la muerte con estoicismo. Sin embargo, algo se lo impidió, algo que no pertenecía a este mundo le recordó que una vez amó la vida por encima de todas las cosas. Algo venido de muy lejos, y que no aceptaba un no por respuesta.

Esta es la reseña que Josefina Llorente escribió sobre el relato: Felicidades y gracias, Txaber Saeda. Mi enhorabuena, por poseer el talento necesario para construir tan bella y conmovedora historia; y gracias por compartir e impartir tu enseñanza y tu verdad.

Venimos al mundo a intentar ser felices, eso que no se nos olvide. Pero aterrizamos en él, sobre todo para superarnos, para comprender y aprender, para completar nuestra formación como humanos; en definitiva para conocer las profundidades de “el amor”. Y Txaber Saeda acaba de impartirnos una gran lección con este cuento, cuyos detalles son toda una explosión de vida.

  • Su mejor poema

Pese a todo lo que se ha escrito, pese a todos los documentales que hemos visto sobre la guerra civil española, existen multitud de episodios que desconocemos y que no deberían caer en el olvido. Lo que Pablo Neruda y el pueblo chileno hicieron por los refugiados españoles que se encontraban en los campos de concentración franceses no tiene nombre, no existe una palabra que englobe tanta humanidad.

Esta es la historia de un barco que salvó la vida de dos mil quinientos refugiados y dio esperanza a millones de republicanos, que vieron cómo un ángel venido de lejanas tierras se dejó la piel para que muchos de ellos pudieran salvar la vida y labrarse un futuro al otro lado del Atlántico.

Quién sabe, a lo mejor alguno de nosotros no estaría hoy aquí de no ser por el Winnipeg, el barco del poeta.

He aquí la correspondiente reseña de Josefina Llorente: Leyendo a Txaber Saeda en este relato, me viene a la memoria aquel poema que, mientras conocía la obra de Neruda, y a pesar de la controversia de su autoría, ya que García Márquez lo rechazaba por cursi, a mí me cuadraba y encandilaba atribuirsela a éste, a Pablo.

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida…” LA MARIONETA.

El mal es como la pólvora que rastrera se propaga y prende llama en muñecos de trapo y de madera, carentes de alma y de corazón. En contrapartida, el mundo, poseedor de corazón y alma, sufre hasta límites inimaginables. Y cuando ese dolor se hace insoportable despierta voluntades y conciencias, que se alzan en su defensa para restablecer el orden y la paz.

En “Su mejor poema”, nos descubre Txaber al Neruda más chileno y su perfil más compasivo y justo. Y lo hace muy bien, levantando el polvo a cada trazo de su pluma, hasta alarmar nuestra ética.

“El mundo tiene corazón”

Por ahí caminan muchos de los escritos de Txaber, en busca de ese enorme corazón del mundo. En pro de esas verdades existenciales que se nos entregan junto con nuestra humanidad en caja fuerte con candado…pero sin llave.

Y mientras sus escritos caminan, y sus lectores les seguimos, sus palabras alcanzan y levantan nuestras más nobles emociones, en lo que asistimos al enarbolamiento del alma humana, que henchida de bondades convierte en insignificante y alcanzable cualquier utopía.

Has escogido un bello camino para tu escritura, Txaber. Sigue investigando en esa línea, y muéstrala ¡Tu obra te conduce a la verdad!

Como comprenderéis, esta reseña supuso otro pequeño punto de inflexión. Empecé a creer en mí mismo.

  • Eve

La niña de mis ojos. No puedo definirla de otra manera.

La apocalíptica premisa sobre la que se asienta este relato me cautivó desde su misma concepción: una niña como única superviviente de un holocausto nuclear, el último aliento de una humanidad extinta.

¿Cómo sobrevivir? ¿Cómo soportar una soledad que traspasa los umbrales de la realidad? Es posible que un adulto hubiese fracasado donde Eve triunfó. Estamos demasiado sociabilizados, dependemos demasiado del grupo. Pero una niña, un lienzo en blanco cuya capacidad de supervivencia va más allá de toda lógica, nos demuestra que, en ocasiones, las ganas de vivir son suficientes.

Por desgracia, este relato no tuvo reseña de Josefina Llorente, y tampoco los siguientes al no estar publicados en “Espacio Ulises”. Lástima.

 

  • Valentina

A partir de este punto, puedo asegurar que mis relatos son totalmente inéditos. Nadie, ni siquiera mi mujer, ha tenido oportunidad de leerlos. Todo empezó como una broma: tendrás que comprar el libro, le decía yo cuando aún no sabía que habría una edición impresa. El tiempo me ha dado la razón.

El tema central de este relato gira en torno a la necesidad humana de comunicarse con nuestros ancestros. ¿Es posible? ¿Podemos darle una oportunidad sin caer en la superchería? Creo que dese un punto de vista científico hay varias posibilidades. Yo me he limitado a una: la memoria genética.

El instinto animal, un tesoro de la evolución, puede entenderse como memoria genética a largo plazo, por tanto no resulta descabellado pensar que existe algo parecido en una escala de tiempo menor.

¿Podría alguien dejar un mensaje a su descendencia agregándolo a su secuencia genética?

No es magia, es ciencia.

  • Greenwar

Mantuve una más que considerable pelotera con este relato. La idea daba tanto de sí, tenía tantas posibilidades como novela, que estuve tentado de arrinconarla para una mejor ocasión.

No pude. La necesidad de denunciar el trato que le estamos dando a la madre tierra contuvo mi egoísmo literario.

Creé Greenwar como una escisión del Greenpeace, una unidad militarizada con los mismos ideales que su antecesora, pero con la fuerte convicción de que las buenas palabras ya no son suficientes. El tiempo se agota, los gobernantes del mundo no ven más allá de lo que dura una legislatura, y el planeta se muere a causa del calentamiento global, la superpoblación y un sinfín de problemas más del que somos ciento por ciento responsables.

De hecho, me afectó tanto, que registré una página de Facebook con ese nombre. Aún carece de contenido pero, algún día, cuando disponga de más tiempo, me gustaría que Greenwar traspasase mi libro de relatos y se convirtiera en una realidad. Desgranado y liberado de su componente militar, supongo que entre todos seríamos capaces de buscar una nueva fórmula que enarbolase la ecología por encima de intereses económicos o de políticos inconscientes.

En mi mente, Greenwar ya existe. Espero que después de leerlo, también lo haga en la vuestra.

  • El faro de Etreum

Último relato, pero no por ello el menos importante.

Si hay una región en nuestro país cargada de misterio, de leyendas atávicas y de fábulas que se remontan a la noche de los tiempos, esa es Galicia.

Aprovechando dicha coyuntura, y proyectando mis más oscuros pensamientos en una costa salpicada por inaccesibles acantilados y mares embravecidos, creé El faro de Etreum, mi particular homenaje a las novelas de misterio.

Un faro, una familia rota varios siglos atrás, una maldición o una enfermedad mal diagnosticada: eso es Etreum, un lugar que no elegirías para tus vacaciones.

Resulta complicado presentar este relato sin desvelar su trama más de lo aconsejable, así que en este punto me despido.

Espero que lo disfrutéis, al igual que el resto de relatos, y que no olvidéis la premisa inicial.

Si sólo leemos a los grandes, nos empequeñecemos.

 Txaber Saeda

 

El libro de relatos ‘Alma de duendeestá a la venta en la web literaria Espacio Ulises

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